Wednesday, August 30, 2006

La memoria no olvida, por Philippe Gaillard

Durante las tres últimas décadas, centenares de miles de personas —en su mayoría civiles— han desaparecido o, para ser más precisos, han sido desaparecidas como consecuencia de situaciones de conflicto armado o de violencia interna.
Millones de personas en el mundo desconocen el paradero de sus familiares y seres queridos. En América Latina, por ejemplo, no han sido pocos los países afectados por esa dramática realidad, a excepción, podría decirse, de Costa Rica.
Esta difícil circunstancia hizo que, entre comienzos de la década de los ochenta y principios del nuevo siglo, los gobiernos de Argentina, Chile, Guatemala y Perú diseñaran mecanismos oficiales con el fin de esclarecer, de forma fidedigna y detallada, los hechos de violencia que tuvieron lugar en su territorio, y que ocasionaron el trágico saldo de miles de muertos y desaparecidos.
Sin duda, la problemática de las personas desaparecidas siempre ha sido central en estos procesos de investigación que forman parte de un complejo y difícil, pero necesario, camino hacia la reconciliación nacional.
En efecto, es muy difícil desarrollar un proceso de reconciliación en una sociedad, cuando las aguas turbias del pasado recorren aún el presente de miles de personas, cuyas vidas se ven atormentadas a diario por la violencia, los horrores y los crímenes vividos por ellos y sus familiares en el pasado.
En otras palabras, es ilusorio hablar de reconciliación sin tomar en cuenta la sensibilidad y el sufrimiento de las personas cuya memoria se congeló en algún momento a partir de los años setenta en tantas partes de América Latina.
La suspensión de las hostilidades por la fuerza o por el inteligente pero precario camino de la diplomacia y de la negociación no significa obligatoriamente la paz. En todo caso no para los que han perdido a sus familiares, que han visto su casa destruida, que han sufrido la tortura o la terrible humillación de la violación sexual.
Por ello, parece urgente y necesario que paralelamente a la creación de instrumentos jurídicos —como el Estatuto de Roma para la Corte Penal Internacional— los Estados se aboquen a la implementación del derecho ya existente y lo hagan respetar.
El derecho, antes de ser un objeto de estudio para los círculos académicos, tiene que ser instrumento de aplicación efectiva en el terreno, en tanto su razón de ser, eficacia y credibilidad se encuentran en su impacto político y en sus efectos protectores.
Así, el derecho a saber la verdad, el derecho a dar una sepultura digna a los seres amados que permita llevar adelante el proceso de duelo, es un derecho inalienable de los familiares de las personas desaparecidas. Ellos además tienen derecho a que se haga justicia y que los responsables sean detenidos y sancionados.
Durante un conflicto armado siempre hay muertos, heridos y desaparecidos. Siempre los ha habido y siempre los habrá. Con la rabia de las armas uno puede matar a cuanta gente pueda o quiera. Hay sin embargo, una cosa que uno no logra matar nunca: la memoria.
La memoria es el material más invisible y más resistente que haya en la tierra. No se puede cortar como el diamante, no se le puede disparar porque no se ve. Sin embargo, se encuentra por todas partes, alrededor de cada uno de nosotros, llena de silencio, de sufrimiento callado, de miradas ausentes y de susurros.
A veces uno la puede oler y entonces la memoria llega a nuestros oídos como el susurro del silencio. A veces el olor se torna insoportable, aún cuando las cosas han sido olvidadas durante décadas. Los muertos gritan y los desaparecidos gritan más fuerte aún. Parece que no hay tumba que los pueda callar y es que ni siquiera la tienen. Los gritos salen directamente al aire.
Por ello, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) invierte toda su energía en prevenir violaciones al derecho humanitario durante los conflictos armados. No obstante, lamentablemente y frecuentemente, el CICR está reducido a heredar los traumas y a tratar con las terribles consecuencias de la guerra, lo que es sumamente frustrante.
Los familiares de los desaparecidos son parte de esa memoria. Algunos logran perdonar, ninguno logra olvidar. El Comité Internacional de la Cruz Roja, tampoco.

Philippe Gaillard es Jefe de la Delegación Reguonal para Bolivia, Ecuador y Perú del Comité Internacional de la Cruz Roja
(Publicado en el diario nicaraguense La Prensa, edición digital de 31 de agosto de 2006)

1 comment:

Roberto said...
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