Wednesday, October 25, 2006

El ojo lapislázuli

Rafael Perusino
Tiziano Poussin
Tintoretto Greco
Velázquez Rubens
Patinir Murillo
Tiépolo Goya
Picasso

J.C.G

Picasso. 125 aniversario.

"Escondía colores nunca vistos..."

Rafael Alberti, Los 8 nombres de Picasso y
No digo más que lo que no digo (1966-1970),
Edit. Kairós, Barcelona, 1970


Azul

"Venencia del azul Tiziano en oro
(...)
Azul azufre alcohol fósforo Greco
Greco azul ponzoñoso cardenillo
(...)
Dijo el azul un día:
- Hoy tengo un nuevo nombre, Se me llama
Azul Pablo Ruiz Azul Picasso"

Rafael Alberti, A la pintura. Poema del color y la línea,
Madrid, Alianza, 1989, pp. 27-30

Monday, October 09, 2006

Nostalgias caligráficas II, por J.C.G.

Con ocasión de la anterior entrada, reproduzco dos precedentes en este mismo blog ...



Caligrafías. More aphoristico I y II (16. Jun. 2006)

La letra atada copia una cuerda de presos

La letra atada cumple condena a cadena

... con añadido ahora de nuevas nostalgias caligráficas.



Caligrafías III. Cápsula interrogativa
La letra atada, ¿se toma de la mano o se muerde la cola?

Caligrafías IV
El niño, muy asustado, apaleó la letra cursiva creyéndola una culebra caligráfica.

Califrafía marcial
La letra vertical pone firme la escritura

A sus manos
La escritura manuscrita se transmite manualmente

J.C.G.

Nostalgias Caligráficas I.


Reproduzco del diario El País (Madrid), el siguiente reportaje.



Caligrafía de ayer y de siempre
Una estafa fortuita convirtió los míticos 'Cuadernos Rubio' en un éxito editorial que triunfa en las librerías al cabo de 50 años

NEUS CABALLER - Valencia
EL PAÍS - 09-10-2006
Al tiempo que la economía sigue creciendo a un ritmo vertiginoso, se están produciendo en los últimos meses en China graves retrocesos en los derechos humanos, como vienen denunciando organizaciones humanitarias internacionales. Todo ello coincide con una purga, que aún no ha concluido, de altos cargos provinciales y municipales acusados de corrupción. La más reciente y destacada ha sido la del secretario del Partido Comunista de Shanghai, la capital financiera, y miembro del Politburó, Chen Liangyu. Son señales de unos tiempos inciertos a poco menos de dos años de la celebración de los Juegos Olímpicos de verano en Pekín. Su designación como sede fue presentada por sus promotores chinos como una ocasión para estimular las democratización del inmenso país.
Sin embargo, los síntomas van en sentido contrario a esas esperanzas. Así se deduce de la proliferación de casos de violaciones de derechos humanos denunciados por organizaciones internacionales, de las restricciones al uso de Internet y a la libertad de información de las agencias extranjeras. E incluso la propia coyuntura preolímpica ha dado motivo a operaciones expeditivas de desplazamientos de población e internamiento de vagabundos y mendigos en campos de reeducación, a la vieja usanza. Todo ello refleja las debilidades de un régimen de partido único y las contradicciones de un sistema con un grave desfase entre el desarrollo económico y el político.
La destitución del líder del partido en Shanghai es debido a un caso de nepotismo y desvío de cientos de millones de yuanes del fondo municipal de pensiones para invertirlos ilegalmente en el sector inmobiliario.Aun cuando sea lógica y justa la destitución de Chen, el episodio permite también una lectura en clave de lucha dentro del partido entre quienes defienden la necesidad de atenuar los graves desequilibrios de riqueza regionales y los que, por el contrario, sostienen la validez de esa fórmula a toda costa, que ha beneficiado sobremanera a las provincias meridionales de Shanghai y Cantón.
La primera la abandera Hu Jintao, presidente y líder del partido, junto a su primer ministro, Wen Jiabao; la segunda, los seguidores del ex presidente Jiang Zemin. La batalla no está ni mucho menos resuelta pese a que las primeras señales apuntan a que el probable vencedor será Hu, que quiere llegar al congreso del partido, a finales del próximo año, con la capacidad suficiente para colocar a sus hombres de confianza en el Politburó. Pero nada excluye que el guión se tuerza en algún momento, porque la historia enseña que en el Imperio del Medio todo es posible.

Saturday, October 07, 2006

Occidente e islam, por Mário Soares

El terrorismo global es un flagelo que está poniendo en cuestión lo que queda del orden mundial (que aún perdura) y que, debido a su carácter imprevisible, nadie puede saber cuándo, cómo ni dónde ataca. El combate contra el terrorismo es, por lo tanto, un imperativo moral y político de capital importancia, que no puede ni debe ser descuidado por los Gobiernos responsables.
Con todo, no puede ser éste un combate ciego, en el que se corra el riesgo de fustigar a poblaciones inocentes o de recurrir a la utilización de medidas de seguridad excesivas que no duden en atentar contra las garantías de los ciudadanos, los derechos humanos y el derecho internacional. Porque, en ese caso, estaremos poniendo en cuestión los valores esenciales que cimientan nuestras sociedades democráticas y les confieren credibilidad política y autoridad moral. Estaremos, sin querer, siguiendo el juego del propio terrorismo.
La lucha contra el terrorismo no puede ser concebida como una "guerra" -y mucho menos como una "guerra preventiva"- entre Occidente y el islam. Porque la simplificación de los conceptos de Occidente e islam es reductiva, peligrosa y, en última instancia, falsa, en la medida en que no toma en consideración la complejidad de los valores que representan y nos conducen a cometer groseros errores (como ya ha ocurrido) y a deslizarnos, paulatinamente, casi sin que nos percatemos, hacia una guerra de tipo religioso, que significaría un retroceso de varios siglos en la historia de la civilización. Sería lo peor que podría sucedernos.
Es posible que algunos valores del llamado Occidente no sean tan universales como juzgábamos a finales del siglo pasado, tras el colapso del universo comunista. A pesar de todo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas, por unanimidad, en 1948, junto a las diversas cartas de derechos que la completaron en las décadas siguientes, sigue representando la mayor contribución jurídica y política para lo que Leopold Senghor llamaba la "civilización de lo universal".
La complejidad del islam, su muy excepcional historia y civilización, que tantas valiosas aportaciones ha dado al propio Occidente, antes y después de ese momento de convergencia y de diálogo histórico único que supuso Al-Andalus, la variedad irreductible de sus diferentes corrientes religiosas, aconsejan no confundir el islam con el fundamentalismo global ni tampoco con los llamados países árabes moderados, que, a pesar de ser aparentemente dóciles en relación a Occidente, no pasan de feroces dictaduras o de intolerables teocracias. Por lo demás, el fundamentalismo global no es exclusivo del Islam. Con mayor o menor violencia, no podemos olvidar los fundamentalismos cristiano, judaico o hindú, sólo para citar los más conocidos.
De lo que puede concluirse que el fundamentalismo global no tiene únicamente raíces religiosas, sino también geopolíticas y sociológicas que mucho tienen que ver con el subdesarrollo, con vastas zonas de desempleo, con el hambre, con la cultura de la violencia, que todos los días se insinúa en las televisiones del mundo entero, con la criminalidad internacional organizada y con la humillación, tan ostentosa, del capitalismo financiero y especulador y de los paraísos fiscales.
Por otro lado, Occidente no es hoy un todo compacto ni, mucho menos, homogéneo. La hegemonía de los Estados Unidos -autotitulado imperio benigno- bajo la Administración Bush, se halla en plena carrera hacia un desastre político, económico y sociológico de proporciones inimaginables. La Unión Europea, incapaz de definir una estratégica autónoma en relación con los Estados Unidos, peca por omisión e incapacidad de intervención, carente de un liderazgo con autoridad moral y verdadera dimensión política. Latinoamérica -o Iberoamérica- el tercer polo occidental, está hoy, en el contexto mundial, en acelerada transformación, indecisa entre un radicalismo de raíz populista (mestizo o indígena) y un reformismo moderado de molde más o menos socialdemócrata. Ojalá sean capaces de entenderse entre sí...
Pero el mundo es mucho más vasto que Occidente y el Islam y se halla también en rápido proceso de cambio. Los llamados países emergentes -China, India, Rusia, Brasil, Suráfrica, Indonesia- están al acecho del momento exacto que les ofrezca mejores oportunidades de afirmación. Es natural.
Sólo con una reforma de las Naciones Unidas, de gran calado, que pueda apostar por una especie de alineamiento mundial, podrían encararse -con posibilidades de éxito- los grandes desafíos mundiales: la paz, la eliminación del terrorismo, la erradicación de la pobreza, las amenazas ecológicas que afectan al Planeta, el establecimiento de una reordenación mundial que suponga para los pueblos de la Tierra mayor igualdad, mayor libertad y mayor solidaridad, en el marco de un mundo más justo y humano. El resto no será más que mera retórica, destinada al olvido en el mismo instante en el que los discursos sean pronunciados.
Trad. de Carlos Gumpert
Mário Soares es ex presidente y ex primer ministro de Portugal.
Publicado en diario El País (Madrid), Opinión, ed. de 7-10-2006

Thursday, October 05, 2006

Havel escribe sus memorias, por Monika Zgustova


Václav Havel cumple hoy 70 años. La publicación de sus memorias -hasta ahora sólo en checo, pero con múltiples traducciones en marcha- viene a sumarse a esta efeméride. En esas memorias, como en una personalísima confesión, el ex presidente checo contesta las preguntas de un entrevistador que hurga en las profundidades de su conciencia. Y el antiguo disidente deja hablar esa conciencia, confesando sus dudas e incertidumbres sobre sí mismo, su país y el mundo contemporáneo, además de reflexionar sobre los errores que ha podido cometer durante los últimos 17 años dedicados a la política, cosa que nunca haría un político. Así pues, sigue considerándose ante todo un ciudadano y un intelectual.
¿Qué es la política para Havel? El ex presidente checo la entiende como en la época del nacimiento de la democracia, en la antigüedad griega: como un servicio a la comunidad. Esa comunidad es el mundo entero, pero sobre todo su país, desmoralizado y envenenado tras cuatro décadas de comunismo, como todas las sociedades postotalitarias de la Europa del Este.
Havel es un escritor que, tras la caída del comunismo, fue elegido presidente de Checoslovaquia y, después de la independencia de Eslovaquia, de la República Checa. Luchador por la libertad en los tiempos del totalitarismo, muchas veces encarcelado, ocupó durante 13 años el Castillo de Praga como presidente de su país. Otro escritor y ciudadano de Praga, Franz Kafka, puso en evidencia que nadie conserva su identidad mientras trilla su camino hacia el Castillo. ¿Ha sido capaz el ex presidente checo de resistirse a los poderes del Castillo? ¿Ha sabido conservar su carácter de intelectual capaz de decir las cosas más osadas, el de un pensador disidente que alerta las conciencias?
Sí, ha sido siempre un político a contracorriente y un hombre quijotesco. Últimamente mantiene su disidencia ante una concepción política que, tras los excesos fatales de todas las utopías, se ha instalado en el gélido trono del gestor, en el fundamentalismo de las magnitudes económicas y de las leyes del mercado. Havel desaprueba lo que ocurre en su país, donde percibe "una desmoralización general". Así lo dice: "Cuando uno regresa tras una larga ausencia, siente que se encuentra en un país de arribistas y nuevos ricos poscomunistas". ¿Pero qué hizo él para impedir tal embrutecimiento?
El ex presidente, partidario del concepto griego de "cuidar el alma", se concentró en vigilar, según sus palabras, "el clima moral de la sociedad", en guiar a su país durante el tiempo de la transición hacia la democracia, ese tiempo de la depresión postotalitaria. Havel observa con asombro el tiempo que la sociedad poscomunista necesita para adaptarse a las nuevas condiciones de vida y la profundidad de las raíces que la era comunista echó en las mentes de los que la padecieron. En su libro apunta que entre los muchos males que se produjeron tras la caída del comunismo hubo uno especialmente significativo: "Sin un marco judicial eficaz, se implantó una rápida y masiva privatización en la cual participó y sigue participando de modo significante la antigua nomenclatura y las empresas comunistas de la época anterior. Ellos poseían las informaciones y los contactos necesarios para convertirse en el núcleo de la nueva clase empresarial. Esta clase tiende ahora a unir el poder económico con el político y el mediático, creando lo que suelo llamar capitalismo mafioso o democracia mafiosa. Cada uno a su manera, todos los países poscomunistas padecen de este mal".
¿Podía haber cambiado esas tendencias cuando fue presidente?, se pregunta sin cesar en sus memorias. "Sí, posiblemente", admite. "Si hubiera dado un paso distinto en otra dirección, hoy todo se acercaría más a mis ideales. ¿Pero cómo saber que aquello hubiera sido posible"?
Havel también es crítico con Europa, en un intento de mejorarla. Según él, hay que fundar una Europa basada en el principio de la solidaridad humana, una Europa que se regiría según imperativos morales, distinta a la que se ha hecho célebre exportando guerras mundiales y cientos de millones de víctimas, conquistando continentes y exterminando culturas indígenas. Para él, Europa necesita reflexionar más sobre sí misma y hacer un ejercicio de autocrítica. "Temo que Europa aún no ha aprendido su lección de la historia. Vuelven a aparecer los mismos comportamientos que dos veces en el siglo XX han impulsado las grandes catástrofes. La autocrítica y la reflexión sobre uno mismo deberían servir como punto de partida para un aprendizaje y un futuro mejor, no como camino hacia la pasividad, la depresión y el nihilismo". Y añade: "La Unión Europea a veces padece esa vieja enfermedad europea: la tendencia a tolerar el mal, incluso las dictaduras, si caen en su zona de intereses. Algunos políticos que no han experimentado personalmente el nazismo o el comunismo no quieren aprender".
Tampoco Estados Unidos se salva de su crítica. Hace unos años, ya habló en Washington de lo que ese país representa para el resto del mundo: "Estados Unidos es la concentración simbólica de lo bueno y lo malo que caracteriza nuestra civilización", afirmó. "Desde el florecimiento de la ciencia y la tecnología, y del bienestar que esto conlleva, pasando por la profundidad de la libertad ciudadana, hasta el culto ciego al crecimiento económico continuo y al consumo ininterrumpido, al precio de la destrucción del medio ambiente y del dictado de lo material, el totalitarismo del consumo y de la publicidad, al precio de sacrificar la unicidad humana a la uniformidad del ruido cotidiano de la banalidad televisiva".
Sin embargo, Havel no es un pensador de la derrota, no es un especulador de la amargura sino alguien que siempre inventa soluciones viables. El verdadero arte de la política, según él, es el de saber conquistar la opinión de la gente cuando se trata de alguna cosa beneficiosa, por más desagradable que ésta pueda resultar desde el punto de vista de los intereses inmediatos.
¿Pero cómo se siente él personalmente tras 13 años en la política de máximo nivel? "Yo ya soy otro, ya no soy aquel que fui cuando escribía mis obras de teatro y organizaba reuniones clandestinas de la disidencia. Soy más viejo, estoy más enfermo y más cansado", confiesa. "He perdido gran parte de mi libertad debido a mi obligación de expresarme de modo demasiado diplomático para mi gusto. ¿Y qué he recibido a cambio? Una sola cosa: ser participante directo de las grandes transformaciones de nuestro mundo y poder influir en ellas. Cosa que considero un enorme don del destino". Éste es Havel a los 70 años de edad.
Monika Zgustova es escritora; su última novela es La mujer silenciosa (Acantilado).
Publicado en el diario EL PAÍS (Madrid). Opinión, ed. de 5-10-2006 .

Tuesday, October 03, 2006

Libertad y Seguridad. La fragilidad de los derechos. Bibliografía

Tras la edición de Libertad y seguridad. La fragilidad de los derechos (Málaga, 2006, 144 pp. ISBN: 84-611-0927-9; 978-84-611-0927-2), que incluye las Actas de Comunicaciones presentadas a las XXª Jornadas Sociedad Española de Filosofía Jurídica y Política, celebradas en Málaga los días 11 y 12 de marzo de 2005, y cuya coordininación me ha correspondido, traigo aquí dos recomendaciones bibliográficas relacionadas con el tema:
Consuelo Ramón Chornet / Romualdo Bermejo García (eds.), Derechos y libertades ante las nuevas amenazas a la seguridad global (Publicaciones de la Universitat de València-Tirant lo Blanc, València, 2006, 276 pp., ISBN: 84-370-6191-1). Síntesis: El lema "Derechos y libertades ante las nuevas amenazas a la seguridad global", más que una expresión coyuntural, representa una de las dimensiones características del nuevo siglo. Contiene análisis sobre la alternativa acerca de un nuevo orden o un nuevo Derecho internacional, la justificación del recurso a la fuerza e incluso a la guerra, y las consecuencias sobre el derecho internacional humanitario y su vigencia, los avances y retrocesos en la lucha contra la impunidad, en particular a propósito de los crímenes de guerra, la aportación de la UE y de la OTAN a la seguridad, o la función de las ONGs en la taera de la diplomacia humanitaria.
Mª José Bernuz Beneitez y Ana Isabel Pérez Cepeda (coord.), La tensión entre Libertad y Seguridad. Una aproximación sociojurídica (Servicio de Publics. de la Universidad de La Rioja (Col. Jurídica, 22) , 2006, 334 pp. (ISBN: 84-96487-09-1). Sintesis: Se aborda un tema tradicional en un contexto renovado: el de la tensión entre la libertad y la seguridad. De un lado, el liberalismo político o el contractualismo, que parten de una cierta ponderación de ambos valores, aparecen como referencias ya clásicas. De otro lado, se puede avanzar que la expansión del terrorismo a nivel nacional e internacional, la consolidación de la sociedad del riesgo, la invasión de una cultura punitiva, el incremento de los índices de alarma social, así como de la violencia estatal o individual se perfilan como ejes imprescindibles en el análisis de las transformaciones del estado y de la realidad jurídica y social actual. En esta situación parece normal que la opción social, política y jurídica sea la de elevar la seguridad a la condición de derecho esencial, incluso a costa de que ello suponga un recorte de las libertades. Además, podemos observar –no sin cierta alarma– cómo sociedades teóricamente estables y con sistemas democráticos más o menos consolidados han pasado de pedir protección contra el poder a pedir protección del poder público. Por ello, las diversas aportaciones que integran este volumen colectivo ponen de relieve, y nos recuerdan desde diferentes perspectivas, las consecuencias de una demanda incondicional de la seguridad, que se resumen en la pérdida de libertad y de libertades. En el fondo de todas las colaboraciones que se presentan en este libro late la vieja pero constantemente olvidada cuestión de cuánta libertad estamos dispuestos a ceder a cambio de qué nivel de seguridad y a qué precio. La confrontación que, desde diferentes perspectivas, plantea este libro tiene hoy mucho sentido, tanto en nuestro país por su propia evolución política en la consolidación de la democracia en las últimas décadas, como también en los países que viven democracias más o menos firmes. En tanto que estados donde el recurso a la violencia como instrumento en manos de los ciudadanos y al servicio del poder público resulta un ‘espectáculo’ diario que fomenta la inseguridad y coarta las libertades individuales en la vida cotidiana, el debate sobre la ponderación de la libertad y la seguridad resulta necesario.

Monday, October 02, 2006

Autocustodia

“Lleno de mí, sitiado en mi epidermis”.

José Gorostiza (México, 1901-1973), “Muerte sin fin”, en Muerte sin fin y otros poemas, FCE, México, 1983, p. 107 (Col. Lecturas Mexicanas 13)