Tuesday, November 28, 2006

Contra la tortura


Manifiesto contra las torturas
Un grupo de intelectuales apoya un texto contra una ley estadounidense que “justifica y propicia la práctica de la tortura”
ELPAIS.com - Madrid - 28/11/2006
Un grupo de reconocidos intelectuales y académicos, como Gabriel García Márquez, José Saramago, Juan Goytisolo o Álvaro Mutis, han apoyado un Manifiesto de rechazo a la ley estadounidense Military Commissions Act of 2006 porque “justifica y propicia la práctica de la tortura”.
El Manifiesto, que apela al respeto de la dignidad humana y a su integridad física y espiritual, está incluido en el libro Contra la tortura, que incluye también cinco ensayos en los que se plantean cuestiones sobre las consecuencias para todo el mundo, y en especial para América Latina, de la ley estadounidense. Una de las preguntas planteada es si hay diferencia entre los actos de tortura del pasado y los métodos utilizados por soldados estadounidenses en la prisión iraquí de Abú Ghraib.
La elaboración del texto, que se presenta en la Feria del Libro de Guadalajara (México) corresponde a Pilar Calveiro (Politóloga, México, D.F.) ,Carlos Castresana (Fiscal, Madrid), Rita Laura Segato (Antropóloga, Brasilia), Margarita Serje (Antropóloga, Bogota) y Eduardo Subirats (Escritor, Princeton).
Entre los intelectuales que han apoyado este manifiesto se encuentran Gabriel García Márquez (Premio Nobel de Literatura 1982, Aracataca), Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz 1980, Buenos Aires), José Saramago (Premio Nobel de Literatuara 1998, Lisboa), Juan Goytisolo (Escritor, Marrakech) y Carlos Monsiváis (Escritor, México).
Imagen: Prisionero, de Francisco de Goya 1806. Musée Bonnat. Bayone (France)

Saturday, November 18, 2006

¿El fin del secularismo?, por Ralf Dahrendorf

Cuando se celebraba el fin de la ideología –primero en los años 50 y luego, más enfáticamente aún, en los años 90-, nadie previó que la religión, el flagelo de la política en la primera mitad del siglo XX, volvería a desempeñar ese rol con venganza. Daniel Bell y Raymond Aron escribieron sobre el fin de la ideología fascista y comunista con la esperanza de que entraríamos en una era de pragmatismo en la que la política sería objeto de discusión y debate, no de creencia y de opiniones absolutas. Había llegado a prevalecer el enfoque que tenía Karl Popper de la política, en el que primaba la razón y el discurso crítico. Y, después de la caída del comunismo, cuando el fin de la historia parecía cercano, se pensó que la política ideológica había desaparecido para siempre.
Sin embargo, la historia no termina y siempre está llena de sorpresas. El fin de la historia de Francis Fukuyama y El choque de civilizaciones de Samuel Huntington aparecieron apenas con tres años de diferencia en los años 90 y una década más tarde el retorno de la religión a la política es visible para que todos lo veamos –y muchos lo padezcan.
Esos libros no son meramente un discurso académico, sino que reflejan los acontecimientos reales. Para cuando las falsas religiones de las ideologías totalitarias habían sido derrotadas, las religiones reales –así parecía- se habían alejado de la escena política. En algunos países, la lealtad formal a la fe religiosa estaba simbolizada en gestos y ritos. Sin embargo, nadie le daba demasiada importancia a que los presidentes norteamericanos de diferentes credos prestaran juramento ante Dios y el país. En Westminster, cada sesión parlamentaria comienza con oraciones cristianas presididas por personas que pueden ser cristianas o judías o no creyentes. No todas las democracias fueron tan estrictas como Francia en su secularismo formal, pero todas eran seculares: la ley es fruto del pueblo soberano y no de algún ser o entidad sobrehumanos.
Sin embargo, de pronto este compromiso secular ya no es tan claro. Los fundamentalistas religiosos sostienen que la ley debe basarse en la creencia en un ser supremo, o incluso en la revelación. El fundamentalismo cristiano en Estados Unidos ha llegado a dominar segmentos importantes del Partido Republicano. En Europa, el Vaticano hizo lobby para que se reconociera a Dios en el preámbulo del propuesto Tratado Constitucional Europeo. Israel, desde hace mucho tiempo, evita que se redacte una constitución, porque sus ciudadanos seculares temen que los judíos ortodoxos quieran imponerles sus valores.
De la misma manera, la sharia , la ley islámica, ingresó a la vida política en su versión menos iluminada en democracias jóvenes como Nigeria, para no mencionar a Irán. El fundamentalismo islámico –Islamismo- se expandió en todos los países en los que hay cantidades significativas de musulmanes.
¿Por qué la religión regresó a la política secular y democrática?
La razón principal tal vez sea que los países iluminados del mundo dejaron de estar seguros sobre sus valores, incluso del Iluminismo mismo. Se expandió un relativismo moral que lleva a muchos a aceptar los tabúes de todos los grupos religiosos en nombre de la tolerancia y el multiculturalismo. No se publican las caricaturas de Mahoma y no se monta la ópera Idomeneo de Mozart para no ofender las sensibilidades religiosas; y cuando, finalmente, se produce la publicación y la puesta en escena, se vuelven una demostración casi destinada a ofender. Uno puede entender que los creyentes iluminados en el Islam (de los cuales hay muchos) encuentren perturbador que el mundo en el que quieren vivir, en realidad, sea frágil y vulnerable.
El retorno de la religión a la política –y a la vida pública en general- es un desafío importante para el régimen de la ley implementada democráticamente y las libertades civiles que la acompañan. La respuesta de parte de las comunidades iluminadas, por ende, es importante. Tal vez esté bien que el uso de símbolos religiosos se haya vuelto objeto de debate público, aunque creo que usar pañuelos en la cabeza y hasta velos forma parte de la libertad individual tanto como usar los casquetes judíos y las cruces cristianas.
Sin embargo, hay cuestiones mucho más trascendentes –sobre todo, la libertad de expresión, incluso la libertad de decir y escribir cosas que fastidian, y hasta perturban, a muchos-. Por el bien del discurso iluminado, los límites del libre discurso deberían ser lo más amplios posibles. En el mundo libre, a la gente no se la obliga a leer un diario o a escuchar un discurso que no le gusta, y se puede oponer sin temor a lo que dicen quienes ejercen posiciones de autoridad.
El contra-Iluminismo tan de moda hoy se puede ir fácilmente de las manos. Quienes están comprometidos con la libertad deben aprender a valorarla y defenderla ahora, no sea cosa que algún día tengan que pelear para recuperarla.
Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 2006
(Trad. de Claudia Martínez)

Thursday, November 16, 2006

Un día para filosofar, por Koichiro Matsuura

Hoy, 16 de noviembre del 2006, la Unesco celebra una vez más junto a la comunidad internacional el Día Mundial de la Filosofía. ¿Con qué objeto? Para fomentar y promover, en un espíritu de diálogo e intercambio, un amplio debate de ideas sobre cómo ha evolucionado, cómo ha circulado y cómo se ha compartido el saber contemporáneo.
Hoy día sabemos hasta qué punto el funcionamiento diferenciado de las sociedades y las culturas aboga en favor de la escritura de una historia ya no lineal sino más abierta a la pluralidad de las memorias, las prácticas y las representaciones. Se trata de un programa político y de investigación de primordial importancia, que instaura el hecho de la diversidad como base de nuestra comprensión del funcionamiento de las sociedades.
La filosofía, junto a las demás ciencias humanas y sociales, desempeña una función esencial para ayudarnos a comprender de modo más satisfactorio la complejidad de nuestro mundo, conjunto activo y disimétrico de interacciones, transferencias e intercambios. Puede cumplir esa función interrogando de manera lúcida y exigente nuestras construcciones sociales de la realidad, nuestros mundos imaginarios, nuestros mitos y nuestros símbolos. Puede hacerlo también explicando los dispositivos y mecanismos de racionalidad que dan origen a las guerras, los conflictos y los sufrimientos, sin reducirlos a fatalidades.
De hecho, hoy día es responsabilidad nuestra, sobre todo a la hora de los debates renovados sobre la coexistencia de las culturas y las civilizaciones, dotarnos de los medios de pensar conjuntamente la identidad y la diferencia, máxime si queremos construir memorias compartidas y futuros comunes.
Juntos y distintos, debemos en efecto esclarecer nuestra capacidad de conjugar mundos imaginarios colectivos con recorridos singulares, y contribuir al surgimiento de comunidades de historia y de memoria libremente consentidas, abiertas a las relaciones interculturales y el respeto del otro.
Este día debe celebrarse bajo el signo del diálogo y el encuentro, y servir así para establecer o restablecer entre comunidades y naciones vínculos filosóficos e intelectuales a veces rotos, otras veces olvidados. Se trata de un reto al que la filosofía y las ciencias humanas han respondido ya en numerosas ocasiones durante la historia, y que es necesario afrontar de nuevo.
Este año en Marruecos, que acoge generosamente un gran número de actos y debates, así como en la totalidad de los países participantes en la celebración del Día Mundial de la Filosofía, tengo la certeza de que los filósofos acudirán una vez más a la cita, para evidenciar esas perspectivas de reflexión y de acción que tanto necesitamos hoy día.
Koichiro Matsuura es Director General de la Unesco
(Publicado en el diario La Prensa (Managua. Nicaragua), 16 de noviembre de 2006).

Tuesday, November 14, 2006

No son ripios. Derecho y Literatura.

Don Luis de Gongora y Argote (1561-1627)

CONTRA LOS ABOGADOS (1624)

Oh, tú de los bachilleres,
que siempre en balde has leído
y más pleitos has perdido
que una muchacha alfileres:
médico en derechos eres,
pues no has tomado a proceso
pulso, que en el buen suceso
hayan tu ciencia ostentado
la cera del demandado
o las cadenas del preso.




CONTRA LOS MISMOS (1624)

¡Oh Jurisprudencia! ¡Cuál
por esos lodos has visto
con caperucilla un mixto
de médico y colegial!
Peticiones a real
hace de su misma mano,
y cual si fuera Ulpïano
informaciones a tres,
y aun con esto dicen que es
carísimo en Cristo hermano.

En Luis de Gongora y Argote, Letrillas, ed. Robert Jammes, Ediciones Hispano-Americanas, Paris, 1963

Monday, November 13, 2006

Cultura judicial. Memoria de Nuremberg

Los juicios de Nuremberg, en el banquillo 60 años después. El Círculo de Bellas Artes reconstruye el célebre proceso con el archivo del juez Kaplan, por Javier Ors.

Seis meses después de que Alemania firmara, el 8 de mayo de 1945, su capitulación incondicional, comenzó en Nuremberg el primer proceso contra el nazismo. Un Tribunal Militar Internacional, encabezado por EEUU, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, y compuesto por cuatro jueces, cuatro fiscales y otros tantos sustitutos inició la causa por crímenes contra la paz (agresión y violación de tratados), crímenes de guerra (asesinatos, deportación de civiles, ejecución de rehenes, destrucción de pueblos y ciudades sin motivo, incautación de bienes) y crímenes contra la humanidad (esclavitud, exterminio). En el banquillo, 24 acusados. Entre ellos: Hermann Göring, comandante de la Luftwaffe; Rudolf Hess, lugarteniente del Führer; Joachim Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores; Karl Dönitz, designado como el sucesor del líder del Tercer Reich, y Albert Speer, el arquitecto del Führer. El juicio se prolongó hasta el 1 de octubre de 1946, y durante este tiempo, hubo 403 sesiones públicas, se citaron para declarar a 166 testigos, se distribuyeron 143 declaraciones escritas y se analizaron miles de pruebas. Documentos y pruebas.
Sesenta años después, la Fundación José María Castañé inaugura este miércoles, en la Sala Juana Mordó del Círculo de Bellas Artes, la exposición «El proceso de Nuremberg. El archivo Kaplan», comisariada por el historiador César Vidal, que muestra una selección de documentos que pertenecieron al juez norteamericano Benjamín Kaplan*. Una recopilación de pruebas y documentos, reunidos entre agosto de 1945 y octubre de 1946, que sirvieron para demostrar la culpabilidad de los principales dirigentes nazis, y de sus organizaciones, en los distintos delitos que se cometieron durante la Segunda Guerra Mundial. Es un conjunto de declaraciones juradas, fotografías, interrogatorios y administración vinculada al desarrollo del juicio, que fue donado a esta institución por su fundador y que ahora, por primera vez, se enseña al público. La elección de esta ciudad, capital del hitlerismo y acrópolis de su esteticismo belicoso, como sede para el primer proceso internacional de la edad moderna fue, sin embargo, por causas externas y no simbólicas. Contaba con un espacioso Palacio de Justicia en la avenida Fürther Strasse y una prisión anexa que cumplía con los requisitos necesarios de seguridad para custodiar a los encausados. Así, en la sala 600 del Tribunal del Pueblo, se inició un juicio que acaparó la atención mundial y que Stanley Kramer inmortalizó en una película («Vencedores o vencidos», de 1961, con Spencer Tracy y Burt Lancaster). En Nuremberg no sólo empezaron las sesiones de este primer gran juicio sino que también se ejecutaron las penas impuestas. Entre los inculpados existían tres ausencias notorias: Adolf Hitler, Joseph Goebbels y Heinrich Himmler. Los tres se habían suicidado. Y uno de los acusados fue juzgado «in absentia»: Martin Bormann. Durante este proceso se presentaron como evidencias incriminatorias las matanzas indiscriminadas llevadas a cabo por los nazis en los campos de concentración y todo el horror del Holocausto. Por supuesto, muchos de los asistentes eludieron, de una forma u otra, su responsabilidad en esos hechos, como se deduce de la lectura de «Las entrevistas de Nuremberg», de Leon Goldensohn (Taurus). Hay casos llamativos, como el de Karl Dönitz, al que Hitler nombró su sucesor, y que, al igual que Ribbentrop, alegó tener la primera noticia durante el proceso de Nuremberg, o el de Rudolf Höss, comandante del campo de concentración de Auschwitz, que, tras señalar que «yo personalmente no asesiné a nadie», se refirió a su sentimiento de culpa: «Ahora, me hace pensar que no fue correcto hacerlo». Los había como Göring, que adujo sus intenciones de ayudar a las familias judías y que, con todo su descaro, llegó a afirmar: «Si un judío me pedía ayuda, yo se la daba». Los había, incluso, que aducían que gracias a ellos se pudo evitar más asesinatos, como Rich von Bach-Zelewsmi, miembro de la SS, que explicó: «Fue bueno que unos cuantos tipos decentes como yo tuviéramos influencia en las SS, porque de ese modo evitamos cosas terribles». Los había, también, rotundos: Otto Ohlendorf, de la Oficina Central de Seguridad del Reich, no vaciló al referirse al peligro que podía suponer un menor judío. «En el niño vemos al adulto», respondió. Jacques Bernard Herzog, ex sustituto del Procurador General francés ante el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, pronunció, en 1949, la conferencia «Recuerdos del proceso de Nuremberg», en la Universidad de Chile.
Risas forzadas.
Una reflexión valiente de esos meses en la que comentaba el proceso y el trabajo acelerado de los jueces: «Todos (refiriéndose a los dirigentes nazis) escuchaban a sus acusadores y a los defensores congelados, por decirlo así, en una especie de silencio, y en una inmovilidad que sólo dejaba de observar estrictamente Göring, animado a veces por inclinaciones fingidas o sacudido por risas forzadas». Las palabras que dedica al comandante en jefe de la Luftwafe, que se suicidó después de conocer su condena (pena de muerte), da la medida de su personalidad «arrogante»: «Yo no lo vi bajar la vista sino una vez durante diez meses: con ocasión de la proyección de un filme realizado por las autoridades norteamericanas con motivo de la liberación de los campos de concentración. Después de haber soportado las horribles visiones con mirada insensible, terminó por ocultar sus ojos ante una imagen particularmente odiosa, dejando así constancia de su vergüenza». De sus intervenciones en el tribunal, Herzog escribió: «Él hablaba a Alemania, hablaba a la Historia». El juicio que reserva para otro de los asistentes es demoledor: «Ribbentrop es, de todos los inculpados, aquel del cual he conservado la peor impresión. Tan empequeñecido moralmente como menoscabado físicamente, no ha vacilado en achacar la responsabilidad de ciertos actos a sus subordinados». Del ánimo de Hess dijo: «Un estado demencial por similación de locura». Herzog concluyó que «la identidad de las personalidades criminales hitleristas demuestra que más allá de las responsabilidades individuales, el sistema era, en sí, generador de criminalidad». Y medita, a continuación, sobre el precedente que asentó este juicio: «La sentencia descansa a este respecto sobre una idea-fuerza, la de la supremacía del Derecho Internacional sobre los derechos internos». Luego prosigue: «De este proceso se desprende un Derecho Internacional nuevo, cuyo objetivo activo no es solamente el Estado, sino también el individuo considerado como miembro de una sociedad interestatal». Y por eso apeló, en aquellos años, por una «jurisdicción internacional permanente», «darle una ley» y «la organización de la Sociedad Internacional». Herzog advirtió algunos riesgos del camino emprendido en los juicios de Nuremberg, pero termina con unas últimas palabras elocuentes: «Depende de nosotros que la sentencia perdure como una “experiencia” característica de una época agitada por la sucesión de las agresiones de la violencia y de las reacciones del derecho, o bien, que llegue a ser un precedente que asegure, por un sobresalto de la conciencia universal, el triunfo del derecho sobre la violencia».
Publicado en el diario La Razón (Madrid), 13 de noviembre 2006

*El archivo del juez norteamericano Benjamín Kaplan se compone de 30 carpetas que integran 309 documentos, abarcando 2.014 páginas, 35 imágenes y tres mapas. Son textos fueron reunidos para el uso de los fiscales del juicio, e incluyen pruebas determinantes sobre los campos de concentración, trabajo forzado y exterminio, así como los experimentos que se llevaron a cabo con seres humanos.

Monday, November 06, 2006

Sobre Derecho y Literatura: Harry Potter, de JK ROWLING


- William P. MacNeil, “Kidlit as Law and Lit: Harry Potter and the Scales of Justice, 14 (3) Law & Literature (2002), pp. 545- 564.
- Paul R. Joseph /Lynne E. Wolf, "The Law in Harry Potter: A System Not Even a Muggle Could Love", 34 (2) The University of Toledo Law Review (2003), pp. 193-202.
- Susan Hall, "Harry Potter and the rule of law: The central weakness of legal concepts in the wizard world" , en Giselle Liza Anatol (ed.), Reading Harry Potter: Critical Essays, Praeger, Westport, Conn./London, 2003, pp. 147-162.
- Joel Fishman, “Punishment in Harry Potter Novels, Harry Potter and the Law”, 1 Texas Wesleyan Law Review, 2005, pp. 452-456.
- Aaron Schwabach, “Harry Potter and the Unforgivable Curses: Norm Formation, Inconsistency, and the Rule of Law in the Wizarding World”, 11 Roger Williams University Law Review (2006), pp. 309-351.
- Benjamin H. Barton, “Harry Potter and the Half-Crazed Bureaucracy”, 104 Michigan Law Review (2006), pp. 1523-1538.
- Julie D. Cromer, "Harry Potter and the Three-Second Crime: Are we Vanishing the De Minimis Doctrine from Copyright Law?" [forthcoming], 36 (2) New Mexico Law Review (2006).
- Jeffrey E. Thomas (ed.), Harry Potter and the Law, Texas Wesleyan Law Review (2006) [forthcoming]. Disponible SSRN: http://ssrn.com/abstract=829344. Contenidos:
Jeffrey E. Thomas: "Introduction: The Significance of Harry Potter"; James Charles Smith: "Family Life and Moral Character"; Danaya C. Wright: "Collapsing Liberalism's Public/Private Divide: Voldemort's War on the Family"; Benjamin H. Barton: "Harry Potter and the Miserable Ministry of Magic"; Aaron Schwabach: "Unforgivable Curses and the Rule of Law"; Joel Fishman: "Punishment in the Harry Potter Novels"; James Charles Smith: "Status, Rules and the Enslavement of the House-Elves"; Daniel Austin Green: "Excuse, Justification, and Authority"; Timothy S. Hall: "Magic and Contract: The Role of Intent"; Jeffrey E. Thomas: "Rule of Man (or Wizard) in the Harry Potter Narratives"; Andrew P. Morriss: "Making Legal Space for Moral Choice", y Timothy S. Hall: "Harry Potter and Dick Whittington: Similarities and Divergences".