Friday, January 26, 2007

Niños que no cuentan, por José Calvo González

La ONG Save the Children organizó en noviembre de 1998 en el centro FNAC de Madrid una muestra fotográfica que presentaba con el título La Ley de los Niños. La exposición fue inaugurada por Ana Rosseti. Tengo frente a mí su catálogo donde, junto a las imágenes, también aparecen fragmentos resumidos de diversos artículos de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, de 1989 (ratificada por España en 1990), y textos de varios escritores españoles. Uno ellos pertenece a Felipe Benítez Reyes, del que entresaco estas líneas: “En los cuentos infantiles suelen aparecer brujas que vuelan montadas en escobas como representación del miedo y de la noche. Pero hay niños secuestrados por las brujas del dolor, de la enfermedad y la miseria. Y niños condenados antes de nacer. Y niños que nos miran con sus grandes ojos suplicantes y aterrados, sin comprender por qué razón es la muerte su única compañera de juegos”.
¿Por qué he recuperado ahora este ejemplar de las baldas de mi biblioteca? En mi decisión han intervenido circunstancias ocasionales, y razones de carácter más permanente. Entre las primeras recordé algunas informaciones que este año publicó la prensa relacionadas con la celebración en nuestro país del día de Halloween (contracción de All Hallow's Eve, o Víspera del Día de los Santos), cuya popularidad parece ir en aumento. Por las segundas recordé asimismo que apenas un mes antes –Roma, 95ª Conferencia Internacional del Trabajo, septiembre de 2006- se dio a conocer el Informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance. Allí se nos revela que la agricultura ocupa el 70% del trabajo infantil en el mundo. “Algunas actividades agrícolas -como la preparación y aplicación de plaguicidas o el uso de algunos tipos de maquinaria- son tan peligrosas que se debería prohibir totalmente que las realicen los menores” explica en él Parviz Koohafkan, Director de la División de Desarrollo Rural de la FAO. En ese sector económico trabajaron en 2006 más de 150 millones de menores de 18 años, lo que representa casi el 70% del total mundial. Las tasas más elevadas se registran en Asia y África. “En el mundo hay unos 246 millones de niños trabajadores y el 8% están en Latinoamérica”, señala el activista Kailash Satyarhti, presidente de la Marcha Global contra el Trabajo Infantil y de la Campaña Global para la Educación. Por último, recordé también el estudio acerca de la Explotación sexual comercial infantil en los viajes elaborado por UNICEF y divulgado en este mismo mes de enero de 2007. Para España se recogen 252 casos en los que menores fueron víctimas de algún tipo de abuso: 69 niñas y un niño prostituidos; 47 en redes pornográficas y 135 en delitos de corrupción. No hay datos, sin embargo, relativos a españoles detenidos por mantener relaciones sexuales con menores en destinos habituales del turismo sexual como son los países del Caribe y Centroamérica, a pesar de que la legislación española ya contempla la extraterritorialidad para juzgar los casos de abuso sexual o prostitución. El responsable de Derechos de la Infancia de Unicef-España, Gabriel González Bueno, no se llama a engaño y cree que la estadística ni es demasiado fiable, ni desde luego tranquilizadora.
He recordado todo lo anterior porque, ciertamente, existen niños que viven una larga noche de brujas sin amanecer, toda su vida (breve). Es, en efecto, la vulnerabilidad de los niños trabajadores, de los niños objeto sexual turístico, por no hablar de los niños soldados y los huérfanos de guerras, de los niños VIH/SIDA en regiones donde esa enfermedad es endémica, ni de la hambruna infantil, ya también instalada en los arrabales de grandes ciudades (por ejemplo, la desnutrición severa y decenas de fallecimientos por inanición en la conurbación del Gran Buenos Aires hace apenas tres años), ni del oscuro y terrorífico mercado de órganos infantiles. Todos ellos son niños en su mayoría invisibles. Son los niños que viven en el interminable horror de un amargo Halloween, un Halloween sin dulces ni golosinas. Son niños a los que no se tiene en cuenta, niños que no cuentan. El art. 12 de la Convención proclama no obstante lo contrario; que el niño es portador del derecho a una palabra que deber ser oída, tenida y tomada en cuenta.
Y todo esto me trae a la memoria un libro excelente, que conservo en mi biblioteca y recupero ahora para esta página. Lo publicó la editorial valenciana Media Vaca, que dirigen Vicente Ferrer Azcoiti y Begoña Lobo Abascal, y sigue vivo y accesible en librerías. En su fondo se mantienen tres colecciones. Así, “Grandes y Pequeños”, donde el pasado año apareció Un perro en el grabado de Durero titulado “El Caballero, la Muerte y el Diablo”, con texto de Marco Denevi e ilustraciones de Max. Y también la colección “Libros para Niños”, donde ya lo hicieron, entre otros, Pelo de zanahoria de Jules Renard, El arroyo de Elisée Reclus, o Los niños tontos de Ana María Matute y Alfabeto sobre literatura infantil de Bernardo Atxaga. Está, finalmente, la Colección “Últimas lecturas”, cuyos últimos y más recientes títulos son Garra de la Guerra, de Gloria Fuertes (2002), y No hay tiempo para jugar. Relatos de niños trabajadores, de la socióloga Sandra Arenal, con xilografías de Mariana Chiesa (2004). A éste en concreto voy a referirme.
Reúne 50 breves historias de vida de niños y niñas trabajadores de la ciudad mexicana de Monterrey. Sus protagonistas no son personajes de ficción, y rondan edades que oscilan entre los 9 y 16 años. Utilizan un lenguaje llano. Ofrecen el relato de sus condiciones de trabajo y del trato que les dan los mayores. Es un libro excepcional porque da la palabra para que cuenten a niños que no cuentan. Su trabajo les ocupa en las manufacturas textiles para exportación, o son vendedores, prostitutas, albañiles, criaditas, basureros… El territorio de la infancia no es para ninguno de ellos una Arcadia feliz. Trabajan en pésimas condiciones, asumiendo tareas de adultos. Reciben salarios miserables, destinados al mantenimiento de sus familias, acaso a sufragar estudios elementales, y por lo general apenas para sobrevivir. A veces sueñan, pero nunca con la Esperanza. Los testimonios son extrapolables a infinidad de otros lugares. En ninguna parte faltan ejemplos: en la India, niños de los “talleres del sudor” que fabrican vidrio en Firozabar, o niños pulidores de piedras preciosas de Jipur y Surat, que tallan el 65 % de los diamantes extraídos en todo el mundo; en Brasil y República Dominicana, niños esclavos de las plantaciones de caña de azúcar; niños desguazadores de Bangladesh, niños recolectores de jazmín en el Delta del Nilo durante la entera noche y hasta que el Sol despunta, niños-topo de Colombia, niños siervos de Pakistán que modelan ladrillos, niños mendigos de Marruecos, niños de “la chureca”, como yo los he visto, en el vertedero de Managua … Niños que atestiguan una infancia inmisericorde.
He releído sus sencillas narraciones, escenas tremendas de aquellas existencias. Y he oído la voz heroica de su relato: la historia de los niños que no cuentan.
(Publicado en diario El Mundo. El Mundo Málaga. Suplemento Cultural Papeles de la Ciudad del Paraiso, núm. 9 ed. de 26 de enero de 2007, p. 14)

Sunday, January 07, 2007

Maldecir o iluminar, por Gregorio Peces-Barba

Estos dos verbos en su sentido propio significan actitudes ante la vida no sólo de individuos, sino de ideologías y de concepciones del mundo. Conectan y representan corrientes muy profundas que afectan al propio concepto de persona y a posiciones intelectuales que marcan la vida cultural, social y política en la historia de la humanidad. En un sentido estricto, el diccionario define al primero como “Echar maldiciones contra una persona o cosa” o “Hablar con mordacidad en perjuicio de alguien, denigrándole”. El segundo tiene más significados: “Alumbrar, dar luz o bañar de resplandor”, además de otro atinente a nuestro propósito, “Ilustrar el entendimiento con ciencias y estudios”. Este último se aproxima más al significado que queremos dar a ambos términos, en sentido figurado, que expresan ideas contrapuestas y contradictorias en la evolución del tiempo histórico.
Unas palabras del presidente Kennedy pueden aclarar el sentido en que las usamos: “… lo importante no es maldecir, sino poner una luz sobre la barricada…”. Estamos ante dos posturas antagónicas, quizás las que marcan más profundamente a dos talantes que definen mucho en todas las perspectivas de la realidad: el pesimismo y el optimismo antropocéntrico. Sirven para identificar el comportamiento individual y las propuestas colectivas en cualquier campo. Las fuentes o las raíces son religiosas o ideológicas y filosóficas, y las consecuencias pueden aparecer en el talante individual o en la vida social, cultural, política o jurídica. El pesimismo lleva a maldecir y a concebir a la persona sólo desde su miseria, desde su condición de pecador, de impuro, por su raza, de pobre o de enemigo, por señalar alguno de los modelos más relevantes. Ejemplos de todos ellos siembran el tiempo histórico desde sus orígenes y marcan a los ambientes en que germinan y se desarrollan.
La fuente religiosa es muy poderosa, quizás la que más, y muchas veces aparece vinculada con concepciones políticas, sobre todo cuando religión y política están confundidas, como en el Estado Iglesia que vive España desde sus orígenes hasta nuestros días. La experiencia pone de relieve lo difícil que es corregir esas situaciones incluso desde un Estado social y democrático de Derecho como el que definió la Constitución de 1978. Dos actitudes permanentes de las Iglesias cristianas, especialmente de la católica, impulsan el pesimismo. La primera, originada en Agustín de Hipona, al separar la ciudad de Dios de la ciudad del demonio, distinguiendo entre justos y pecadores, rompe la igual dignidad de todo el género humano, discrimina a los pecadores y hace imposible el trato igual. La segunda supone el desprecio general del mundo, valle de lágrimas, por el que pasan los cristianos, que no son de él, y es la reacción frente al amor por la vida que empieza a difundirse a partir del siglo XII y que prepara lo que será en el siglo XV el principio del Renacimiento. Es la literatura de la miseria humana que se origina en Anselmo de Aosta o en Giovanni de Fécamp, entre otros, y que se consolida en el siglo XIII con Pier Damiani da Lotario de Segni, el futuro Papa Inocencio III, que pretende describir esa miseria de la condición humana para humillar a la soberbia, que es el origen de todos los vicios. El hombre, dirá, ha nacido para la pena, para el temor y el dolor, y, lo que es más despreciable, para la muerte.
Esta literatura del pesimismo antropocéntrico sigue estando viva en sectores del episcopado y del pensamiento eclesiástico, que sigue afirmando, todavía hoy, que el cristiano no es de este mundo. No son mimbres para construir cestos democráticos ni conceptos como ciudadano o dignidad humana. A lo largo de la historia ha justificado tremendas iniquidades e injusticias, entre ellas, feroces represiones. La altanera superioridad, que se transmite a muchos altos eclesiásticos, cierra la puerta a valores como la libertad, la igualdad o la solidaridad, y sostiene expresiones de poder autoritario y represor. Esta actitud en los siglos XX y XXI se multiplica ensectores radicales del islamismo que no han vivido la Ilustración.
Los orígenes ideológicos y filosóficos del pesimismo antropocéntrico pueden nacer en ambientes políticos liberales en el XIX, defensores del sufragio censitario y de la discriminación económica de los trabajadores en esos ámbitos intelectuales, y nace también la idea de los invitados al banquete, frente a los que no lo estaban en la parábola que incluye Malthus en la 2ª edición de su Ensayo sobre la Población, que cierra las puertas de la vida digna a la mayoría, a los no invitados al banquete. La reacción marxista y, más tarde, del socialismo reformista, ante los excesos capitalistas, será la perspectiva exagerada o moderada, de crítica tajante a esas formas extremas de entender una realidad social basada en la discriminación o en la desigualdad. Así, los derechos y la participación política se limitarían a los invitados al banquete, y no sería posible la existencia de una democracia plena.
La última gran tradición de pesimismo antropológico de ámbito ideológico y filosófico es causa y efecto de los totalitarismos contemporáneos fascista, nazi o marxista-leninista (especialmente en su visión estalinista), donde el desprecio al hombre aparece desde la burguesía transpersonalista del Estado, en el primer caso, y del partido, en el segundo. Ideas como las de raza pura y superior, limpieza étnica, nación como sociedad cerrada, etc., produjeron a lo largo del tiempo en el siglo XX hechos incalificables y brutales, delitos contra el Derecho de Gentes, contra la humanidad y genocidios, que todavía no han encontrado un Derecho internacional abierto y apoyado por un poder internacional efectivo que pudiera convertirlo en eficaz. Sectores científicos desde la biología o autores de ciencias sociales como Carl Schmitt han apoyado estas formas aberrantes y discriminatorias.
El mundo moderno, desde el Renacimiento a la Ilustración, ha asumido el optimismo antropocéntrico y, en muchos casos, en su dimensión moderada y prudente. Esta reacción está preparada desde el reforzamiento de la dignidad humana por los humanistas italianos y españoles, entre los que hay que señalar a Vives, y también por Kant, que cierra el ciclo, y también por la defensa de la tolerancia donde, entre otros muchos, será decisivo nuestro Miguel Servet.
Como nos estamos situando en las grandes leyes de la historia, no todos los problemas se identifican desde la dialéctica maldecir o iluminar; algunos se escapan entre los entresijos del cedazo, pero estamos ante criterios que sirven bien para interpretar y diagnosticar a las sociedades de nuestro tiempo. El Renacimiento y la idea del hombre centro del mundo y centrado en el mundo marcan el rescate de la dignidad humana y la posibilidad de su autonomía. Esta corriente se ha prolongado, no sin problemas, sobre todo en el siglo XVII hasta el XVIII, que es el siglo de las luces recuperadas por una humanidad que andará por sí misma y que no necesitará muletas. Así, pasamos desde la dignidad humana heterónoma a la autónoma, que surge de nosotros mismos. Entramos de lleno en el antropocentrismo creativo y libre que está en la raíz de las liberaciones intelectuales y políticas, que son el núcleo intelectual de la mejor Europa.
Maldecir e iluminar son ideas eje, como dirá Jaspers, que han venido configurando el progreso y el desarrollo del género humano o su retroceso y su degradación. El extremo de maldecir es exterminar, y el de iluminar es deslumbrar. Son dos signos reales de la maldad de los extremos y del valor de la moderación. Hay, además, una tendencia en la humanidad a simplificar, equiparando el sufrimiento de las víctimas y de sus familias con el de los terroristas encarcelados y sus familias, como otra muy próxima para concluir que todos son iguales y que no hay política ni políticos limpios. Maldecir e iluminar siguen siendo un buen criterio de distinción entre unos y otros. Ni todo es igual ni todo se puede equiparar. Ésa es la justificación de los perversos y de los mediocres.
Gregorio Peces Barba es Catedrático de Filosofía del Derecho y rector de la Universidad Carlos III de Madrid.
Publicado en el diario EL PAÍS (Madrid), edición de 3 de enero de 2007.

Saturday, January 06, 2007

Terror, tregua y mentiras, por Andrés Neuman

Pese a los esfuerzos de los distintos presidentes, a la incansable persecución policial y a las represalias judiciales, la única evidencia es que ETA no se ha rendido nunca PESE a la humareda, trataré de ser claro. Con tantas esperanzas rotas, tanta furia ciega y tantos intereses políticos en juego, no es precisamente la claridad lo que está predominando. En primer lugar, lamento sinceramente el fracaso de un proceso de diálogo que se inició de la manera más digna: mediante una consulta al Parlamento. Cosa que no habían hecho ni el Gobierno de González ni el de Aznar en sus respectivos intentos fallidos. En segundo lugar (y por muy incorrecto que suene decir algo que mucha gente piensa) opino que el Gobierno sí debió haber realizado determinadas concesiones, como en toda negociación. Concesiones, por supuesto, dentro de unos límites muy precisos e igualmente consultados al Parlamento. Al fin y al cabo, nos moleste o no admitirlo, las primeras concesiones las hizo ETA declarando una tregua y dejando de matar durante tres años. Y, como los etarras no forman una cooperativa solidaria sino un nauseabundo grupo terrorista, para que esa dinámica parcialmente pacífica siguiera avanzando por su parte, era necesario dar algún paso por la otra parte. Pretender una renuncia espontánea y gratuita significa no entender qué es una negociación, carecer de memoria o creer en Superman. Porque llevamos ya 40 años aguantando, sufriendo y esperando. Y, pese los esfuerzos de los distintos presidentes, a la incansable persecución policial y a las represalias judiciales, la única evidencia indiscutible es que ETA no se ha rendido nunca. Ni ha dejado de mostrar, cada vez que le ha dado la gana (y en contra de lo pregonado por el PP), una aterradora capacidad para quitar vidas. Eso es lo que hasta ahora hemos tenido. Lo demás son hipótesis. En tercer lugar, pienso que el PP (cuyo anterior presidente negoció, ofreció generosidad, movilizó un buen número de presos y hasta llamó públicamente a ETA «Movimiento Vasco de Liberación») ha creado, con su postura intransigente y demagógica, un ambiente en el que cualquier mínima concesión resultaba imposible. Hemos escuchado hasta el hartazgo la coletilla del «precio político» de negociar. Me gustaría que alguna vez discutiéramos sobre otro precio más terrible: el precio humano de no negociar. Porque, mientras algunos héroes impostados enarbolan las banderas del purismo inquebrantable, los cadáveres inocentes siguen acumulándose. En cuanto al fin de la tregua y el diálogo, ambas cosas me parecen irreversibles, al menos mientras la coyuntura no dé un giro radical. En esto sí que no deberían caber ambigüedades. Poco importa si la verdadera intención de ETA era matar a alguien, o si (como parece probable) más bien planeaba dar una especie de ultimátum espectacular. Entre matar realmente y cometer un acto en el que una vida humana corra peligro, no existe ninguna diferencia ética. Y, aunque no hubiese habido víctimas mortales en el aeropuerto, ese atentado habría sido de todas formas un chantaje inaceptable, y no una mera incidencia dentro de una negociación. ¿Y Batasuna? Ciertamente, el atentado ha demostrado que son los comandos los que dan las órdenes, y que a ETA le da igual que sus representantes políticos puedan concurrir o no a las elecciones. Desde luego Batasuna ha perdido cualquier legitimidad como interlocutora. Lo que ya no veo tan claro es que su futuro político sea tan negro como lo pintan: estando como están cada vez más alejados de las estrategias de la banda, bastaría con que los abertzales se desmarcaran del terrorismo y consumasen la fractura con ETA, para volver a la legalidad y obtener incluso más apoyo del habitual en las urnas. Durante estos delicados meses de esperanza, el PP ha mantenido una mezquina deslealtad hacia el Gobierno. Su estrategia política ha sido obvia: después del desastre del 11-M, no podían permitir que el PSOE se apuntara también el tanto de la paz (si es que el PSOE pensaba apuntárselo, que supongo que sí). El mismo día en que ETA declaró la tregua, Rajoy dio una penosa conferencia de prensa en la que sólo puso objeciones y se olvidó de manifestar su apoyo al Gobierno. Ese ha sido el comportamiento de su partido hasta el día del atentado en el aeropuerto. Desde entonces, sus líderes no han dejado pasar ni una sola oportunidad de criticar ventajistamente un fracaso que por desgracia ellos también padecieron a finales del 99, y sin ningún castigo por parte de la oposición, que por entonces tuvo un comportamiento ejemplar. Ahora bien, mal haría el Gobierno amparándose en este antecedente y manteniendo una actitud victimista. Al contrario, lo honesto sería analizar los errores cometidos (empezando por la imprudente alocución navideña de Zapatero) y las razones concretas de este fracaso. Y, sobre todo, pienso que sería urgente promover de una buena vez un frente único y multipartidario contra el terrorismo que englobase a todos los demócratas, empezando (claro está) por el PP, sin cuyo consentimiento no debería volver a intentarse ningún nuevo proceso. ¿Cómo es posible que aún no hayamos asumido que la desunión entre los distintos partidos democráticos favorece al enemigo criminal, dándole margen de presión y de maniobra? Este país no puede continuar dividido en lo esencial ni seguir fingiéndose bipartidista. Aunque mucho me temo que, en este asunto, nos queda tanto trecho por recorrer como en la lucha antiterrorista.
Publicado en Diario SUR (Málaga), ed. 6 de enero de 2007

Tuesday, January 02, 2007

Penas de muerte en la República Popular China

China quer reduzir sentenças de morte
As penas de morte ditadas por tribunais de baixa instância na China têm desde ontem de ser ratificadas pelo Supremo Tribunal, uma medida que visa reduzir as sentenças de execução. A China é actualmente responsável por 70 por cento das execuções em todo o mundo, com média anual de 1700. O Supremo chinês passa a ter cinco tribunais (mais três do que os que existiam) encarregados de ratificar as sentenças. Cada caso será revisto por três juízes, que deverão confirmar os factos, as leis aplicadas e os procedimentos criminais adoptados pelas autoridades.
Publicado en el diario O Primero de Janeiro (Porto. Portugal) [http://www.oprimeirodejaneiro.pt/], ed. de 2 de enero de 2007 (Sec. Sociedade).

Jueces y Misa del nuevo año judicial

Jueces progresistas tildan la Misa del nuevo año judicial de «viciosa práctica anticonstitucional» En un artículo, la asociación JpD ironiza con la «filiación integrista» de monseñor Rouco Varela

F. Velasco. Madrid- Si hace pocos días era un grupo de letrados el que abogaba por suprimir cualquier símbolo religioso de la sede del Colegio y de los actos institucionales -que cosechó un sonoro fracaso en la asamblea-, ahora es la asociación Jueces para la Democracia la que arremete contra la tradicional misa de apertura del año judicial, a la que no duda en definir como «viciosa práctica preconstitucional e incluso anticonstitucional», o el mero hecho de que en el salón de actos del tribunal Supremo esté presente un crucifijo y unos evangelios. Y, para terminar, se reclama la intervención del Servicio de Inspección en este asunto y se tacha de «homilía» algún informe del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Esas consideraciones se reflejan en la sección «Apuntes» de la última revista de Jueces para la Democracia, sección a cargo de los magistrados Perfecto Andrés Ibáñez -miembro de la Sala Penal del Supremo-, Jesús Fernández Entralgo -recién nombrado presidente de la Audiencia de Jaén- y Alberto Jorge Barreiro -magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid-. El artículo, titulado «Algo más que colindantes», comienza con una crítica a Francisco Hernando por el citado acto de inicio del año judicial. «En vísperas del acto solemne de apertura del año judicial, el presidente del Tribunal Supremo reincidió en una viciosa práctica preconstitucional e incluso anticonstitucional: organizar una misa en la iglesia de Las Salesas, contigua al palacio de justicia, para inmediatamente antes del acto oficial». Y, aprovechando la ocasión, los jueces «progresistas» también opinan sobre el celebrante: «La ceremonia, por cierto, corrió a cargo del cardenal Rouco Varela, de conocida filiación integrista». En relación con el citado acto, el artículo lamenta que, en «un atávico arrastre de posible ascendencia tridentina, de secular arraigo, haya quien entre nosotros -jueces y magistrados- quite importancia a tal suerte de groseras violaciones de la conciencia individual, cuando la realidad es que la tienen». Entre otras, se afirma «como indicadores de la absoluta falta de sensibilidad constitucional y de una patente incapacidad para el respeto a la libertad ideológica de los demás». Así, se afirma que «cuesta entender que a estas alturas continúe habiendo jueces que emprenden cruzadas tan pintorescas», aunque, se especifica posteriormente, no sorprende «si se observa que en lo más alto del Consejo y del Supremo se franquean, del burdo modo que acaba de ilustrarse, los límites de separación de la Iglesia con el Estado». Posteriormente, denuncia el artículo que esas «confesionales querencias» se manifiestan también, «con idéntica impropiedad», en la «liturgia de iniciación al rol más alto del escalafón -judicial-,cuando a la mesa del salón de plenos (des)luce de altar, presidida por un enorme crucifijo y un potente ejemplar de los evangelios en un atril catedralicio, que arrinconan a la Constitución, único símbolo legitimado para regir tal clase de actos». En «excentricidades» como las citadas, afirma la asociación de jueces y magistrados continuando con esos «apuntes», brilla el «indelicado afán de unos por imponer el propio credo religioso en terreno ajeno; y la irresistible tendencia de otros a seguir vegetando a la sombra del ‘brazo secular’». Así no resulta extraño, concluye en este punto, «que ciertas resoluciones, como algún informe del propio Consejo General del Poder Judicial, se travistan de homilía». «Mira sólo hacia Cantabria» Por otro lado, los redactores del artículo vienen a reclamar que el Servicio de Inspección del CGPJ intervenga por esos motivos a los que alude anteriormente, y no sólo respecto al juez de Cantabria que, en una de sus resoluciones, aconsejó a dos cónyuges que presentaron demanda de separación poner «en medio -de los dos- la fuerza de Jesucristo» para intentar la reconciliciación. Tras considerar este asunto como «(sub)cultural» y poner en duda la idoneidad para administrar Justicia «de quien incurre en semejantes aberraciones», se hace una recomendación al magistrado en cuestión en unos términos muy directos: «Hay tantas sedes parroquiales vacantes, y el diaconado es una opción asequible a cualquier sujeto piadoso con vocación de apóstol». Lo que no se comprende, concluye el artículo del órgano de difusión de Jueces para la Democracia, «es por qué el Servicio de Inspección mira sólo hacia Cantabria».
Publicado en diario LA RAZÓN (Madrid), ed. de 2 de enero de 2007