Friday, February 23, 2007

Oquendo de Amat y el efecto Bartleby, por José Calvo González

Hace algunos años Enrique Vila-Matas exhumó literariamente a un puñado de “raros”. Bartleby y Compañía (Anagrama, Barcelona, 2000) evocaba a varios individuos de una asombrosa raza compuesta de escritores inéditos, o que interrumpieron su escritura luego de publicar uno o dos libros ejemplares, o que –como en un nuevo paso de tuerca a lo todavía más desconcertante – resguardaron su identidad. En el pasmo de esas extrañezas recordó a Rulfo, Salinger, Rimbaud, Alfau, Gracq, la problemática filiación de B. Traven (¿acaso Ret Marut?), el enigma Pynchon, y también al uruguayo Felisberto Hernández, que nunca concluía sus relatos; fueron todos ellos bartlebys. Tratando de inquirir los poderosos motivos que pudieron alentar tan insólito proceder apuntó la moderna desconfianza en las palabras. Les serviría de nexo común el que luego de alcanzar un estado de superior clarividencia, donde atinaron razón de haber sido ya todo dicho, concluyeron que únicamente era dable aspirar a la redundancia, la glosa o el furtivismo. De ahí sus irrevocables decisiones: mudez, parvedad, veladura.
Me he interrogado acerca de ese efecto Bartlebly poniendo énfasis de rastreador de continencias, abandonos y embozos. Creí hallar un afectado más para añadir a ese colectivo. Podía tratarse, pensé, de Carlos Oquendo de Amat (Puno. Perú, 1906- Navacerrada. España, 1936). No obstante, explicaré antes de proseguir, mi vacilación persistió durante mucho. Porque si de una parte me inclinaba su extrema moderación editorial, me erguía de otra que sin embargo en absoluto propendiera a una obstinada negativa a la acción. En efecto, su única obra, un poemario escrito entre 1923 y 1925, que tituló 5 metros de poemas, publicado el año 1927 en Lima por Editorial Minerva a instancia de Carlos José Mariátegui, su descubridor, consolida en el tiempo una atracción cercana a la nada barrtlebyana. Pero, también, su biografía, surgente entre nieblas de la mano del peruano Carlos Meneses (Tránsito de Carlos Oquendo de Amat, Inventarios Provisionales, Las Palmas de Gran Canaria, 1973) y hoy ya muy nítida con Roberto Milla (Oquendo, Hipocampo Editores, Lima, 2006, T. I.), rechazaba la terca pasiva inocuidad –el “preferiría no acerlo”- del personaje de Melville (Bartleby, el escribiente, 1856). Por el contrario, Oquendo de Amat, de avance comunista, fue inquietado en Lima por la represión del dictador Augusto B. Leguía, que le encarceló, tuvo luego experiencia del exilio en la ciudad de boliviana de La Paz, donde asimismo conocería la tortura, y llegando a Panamá resultó retenido, y peregrinó por Costa Rica hasta su expulsión a México, hasta que al fin y a través de Francia vino a recalar en la España republicana. Su peripecia de agitprop le mantuvo hasta entonces en un andar sin sombra. Enfermado de tuberculosis en Madrid, murió con la Sierra del Guadarrama en los abiertos ojos cuando era 6 de marzo en el calendario de 1936.
Estuvo el primero en mencionarlo Mario Vargas Llosa, al recibir el Premio Rómulo Gallegos allá en Caracas por 1967 (La literatura es fuego). Más acá y adelante, igualmente Juan Manuel Bonet en su Diccionario de las vanguardias en España. 1907-1936 (Alianza, Madrid, 1995), de las que formó inventario completo con atención minuciosa y detalle especialista. Lo nombro yo ahora al recibo, por un obsequioso amigo arequipeño, de la obra que se bastó impar y unánime en la entera poética de Oquendo. Un lujo de amistad y un esplendor bibliográfico. Fortuna por cuenta doble.
La edición es facsimilar de otras que también lo fueron y se hallan en circulación, si bien con cortesía que las redime de erratas, y el agasajo del prologuista Oscar Aramayo, otorgando la merced de cinco poemas congregados desde la dispersión. Ha sido compuesta por Aquelarre Ediciones (Arequipa, 2006). Entre nosotros, María Manso y Rosa Lozano en la Editorial Ediciones el Taller del Libro (Madrid, 2004) hicieron tirada de 300 ejemplares, en montaje de estuche con ventana y encuadernación artesanal, pero omitiendo el disfrute de la xilografía que va a la carátula, diseño de Emilio Goyburi, esbozando cuatro rostros con telón de fondo. La bondad de su rescate, indultada esa falencia, vale la memoria. De justicia es también recordar otro salvamento anterior, en Editorial Orígenes (Madrid, 1985), con estudios de Carlos Meneses y José Luis Ayala. Pero la que desde hoy está en mi biblioteca se adorna de todas las mayores estimaciones.
5 metros de poemas es un libro-objeto. Postuló Oquendo abrir el libro “como quien pela una fruta”. En su pulpa están los dieciocho poemas, que impregnan el paladar con sapiencia. Las páginas van impresas en acordeón, al modo de algunos cuadernos de estampas japonesas, y despliegan su lectura con la paciente serenidad de un origami, el antiguo arte nipón de doblar el papel. A mitad de ellas se convoca a un intermedio de diez minutos, como el descanso de las salas de cine en sesión doble. Ese formato y otros arrojos delatan al Oquendo surrealista; así quedó registrado por Mihai G. Grünfeld en la Antología de la Poesía Latinoamericana de Vanguardia 1916-1935 (Hyperión, Madrid, 1995). La libre palabra de su verso, que asimismo licencia la rima, recoge los primeros ecos del ultraísmo en Perú, algo borrosos, y se aclara en las voces de André Breton, Tristan Tzára o Paul Éluard, bien timbradas a su vez en Rimbaud, Mallarmé, Valery y Apollinaire. De éste último hay además una resonancia particular en la ordenación especial de la página, con estructuras formal-visuales que memoran caligramas. Asimismo trafican homenajes al constructivismo soviético y, cómo no, al lenguaje de Philippe Soupault en los Poemas cinematográficos (1917). Del resto, la armonía del modernismo autóctono le pertenece por José María Eguren (Simbólicas y La canción de las figuras, 1911 y 1916, respectivamente) y César Vallejo (Trilce, 1922). Y toda esa fue la irradiación genealógica de fusiones estéticas que encendió su poética personal.
Acabando, orillo mi duda. ¿Se preservó Oquendo de Amat, fue la vanguardia que se guarda, era un bartlebly? Es muy cierto que a este libro no siguió otro. Pero su poesía nunca renegó, nunca descreyó de la palabra. Poema del manicomio es prueba del pavor a la cosificación: “Tuve miedo y me regresé de la locura/ Tuve miedo de ser/ una rueda/ un color/ un paso”. En el Poema del mar y de ella se lee: “y el mar venía lleno en tus palabras”. Y en Poema un “Para ti tengo impresa una sonrisa en papel Japón (…) déjame que bese tu voz/ Tu voz/ que canta en todas las ramas de la mañana”. Además, ninguna desolación verbal traman los poemas, aunque en alguno pueda ser mimbre la nostalgia: “Junto a ti mi deseo es un niño de leche” (Compañera), o “un niño echa el agua de su mirada/ y en un rincón/ la luna crecerá como una planta” (Jardín). Entre los versos-ola de Mar flota un recuadro tipográfico que enuncia: “Se prohíbe estar triste”. De entusiasta convicción es también la gozosa metáfora en la semblanza más personal y biográfica: “Tengo 19 años/ y una mujer parecida a un canto”. En Oquendo ardía la llama viva de la exultación del verbo, que es avidez por la esperanza.
Definitivamente, el efecto Bartleby –la paralización del deseo- no ha sucedido en Oquendo.


Publicado en diario El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 10, ed. de 23 de febrero de 2007, p. 14.

Monday, February 19, 2007

El Tribunal Constitucional y Haydn. Por Francisco Sosa Wagner

El diario El Mundo ed. de 19 de febrero, publica el artículo que a continuación reproduzco.
El Tribunal Constitucional y Haydn.
El Tribunal Constitucional procura algunas alegrías, especialmente a quienes ante él pleitean con éxito, pero también es habilidoso a la hora de proporcionar grandes tribulaciones al país. En estos momentos, hay un magistrado que no podrá intervenir en un asunto de importante magnitud, pero ya se anuncia que es probable que lo mismo le ocurra a otro si se pone en marcha un nuevo procedimiento de recusación. Este espectáculo me recuerda a una sinfonía de Joseph Haydn, la 45, que se llama precisamente La despedida, y en la que el tunante del compositor vienés hace ir abandonando la orquesta, uno a uno, a todos los instrumentistas, no sin que antes interpreten un solo, hasta que el escenario queda vacío y con las luces apagadas. El solo de un magistrado bien podría ser la redacción como ponente de una sentencia.Aunque fue Georg Jellinek quien propuso, a finales del siglo XIX, la creación de un Tribunal Constitucional en el Imperio austrohúngaro, lo cierto es que el padre reconocido de esta criatura es Hans Kelsen: a él se debe su puesta en funcionamiento en la Austria -ya mutilada- posterior a la Primera Guerra Mundial. Kelsen, siempre cercano a la socialdemocracia, fue un hombre honesto y una buena persona, como bien sabemos quienes nos hemos dedicado a explicar las vidas y las obras de los maestros alemanes del Derecho Público. Tan buena persona era que formuló la Teoría Pura del Derecho. Es decir, este hombre creía que en el universo había algo puro y, encima, que tal pureza se podía aplicar a la teoría del Derecho. Mayor ingenuidad no cabe, aunque es preciso reconocer que escribió páginas memorables.Sin embargo, él mismo tuvo ocasión de vivir en propia carne la inevitable contaminación en que se mueve el Derecho, cuando fue desposeído del cargo vitalicio de magistrado de su Tribunal Constitucional. Su destitución se debió a un enfrentamiento con la poderosa Iglesia católica austriaca, muy influyente a lo largo de la Historia en la regulación del matrimonio. Llegó un momento -bastante esperpéntico- en el que convivían en el Derecho austriaco dos principios antagónicos: el católico de la indisolubilidad, y el absolutista (regalista) de la competencia de la Administración para proporcionar determinadas dispensas que afectaban a un vínculo indisponible fuera de la Iglesia. Y todo ello, complicado con la posterior intervención de los jueces civiles.Kelsen aprestó sus bien trabadas entendederas jurídicas para superar esta incongruencia pero, en el camino, se encontró con una terrible campaña desatada contra él desde los medios católicos. El partido socialcristiano en el poder decidió entonces la reforma de la composición del Tribunal para que los magistrados, en lugar de ser elegidos por el Parlamento, lo fueran por el presidente de la República a propuesta del Gobierno, pero para ello era necesaria una reforma constitucional, imposible sin los votos socialistas. Éstos se negaron a colaborar y el partido socialcristiano, que no se paraba en barras, amenazó a los socialistas con recortar la autonomía de Viena, único reducto donde éstos ejercían aún el poder político. Los socialistas cedieron entonces, a cambio, además, de dos puestos (de un total de 14) en el nuevo Tribunal.El presidente del partido ofreció a Kelsen ocupar uno de los asientos reservados a la oposición. Kelsen se negó a ser magistrado de un partido político y además reprochó a los socialistas haberse prestado a un juego sucio y extremadamente peligroso. El resultado de este triste episodio es que Kelsen abandonó Viena y se trasladó a Colonia, donde pronto se toparía con los nazis que le desposeyeron de su cátedra, y comenzó un vagabundaje azaroso que acabaría en Estados Unidos.No es éste lugar para perseguir la posterior andadura de Kelsen. Si la traigo a colación es para advertir que la politización de los tribunales constitucionales en Europa ha sido una constante desde sus mismos orígenes.¿Cómo puede sorprendernos, pues, lo que ocurre en España? Entre nosotros se advierte que, como casi siempre ocurre, hay una fachada y una realidad. La fachada son las previsiones constitucionales para la designación de los magistrados, la realidad es que los partidos políticos se reparten los puestos a cubrir, en función de su respectivo respaldo electoral. Si avanzamos un paso más en esa realidad, nos encontramos con la evidencia de que los citados partidos como tales -a través de sus órganos estatutarios- tampoco intervienen, sino que su voluntad es desnudamente suplantada por un número reducido de muñidores que son quienes acaban decidiendo la composición de ese tribunal llamado a juzgar cuestiones delicadísimas. Esto lo sabe todo el mundo, otra cosa es que las conveniencias y el tartufismo obliguen a explicaciones más presentables. Además, con las previsiones que empiezan a colarse en los Estatutos reformados, algunas comunidades autónomas -Cataluña o Andalucía, por ejemplo-, podrán intervenir en este ameno juego, aunque al final todo conducirá otra vez a unas pocas personas que, encima, serán las mismas de toda la vida (como las que van al Cielo) pues suele tratarse de seres que, cual fantasmas acreditados y con trienios, acaban apareciéndosenos una y otra vez.Lo sorprendente es que este enjuague -porque enjuague es- desemboque en el nombramiento de unos profesionales de primera categoría, en general, catedráticos y jueces muy acreditados en sus respectivas carreras. Ha ido cambiando el perfil desde la constitución del primer TC hasta hoy, pero la constante de la alta preparación técnica se mantiene.¿Dónde anida, entonces, el fallo? A mi juicio, en el hecho de que, con demasiada frecuencia, se propende a buscar para el oficio de magistrado al jurista cortesano. Por tal entiendo aquel que tiene, en su biografía, lazos y especiales relaciones con la clase política en su más alto nivel, que ha practicado con ellos de alguna forma el tacto de codos. Y, si no se halla este elemento en su pasado, pronto lo incorpora, resultando así un jurista cortesano sobrevenido.Una consecuencia de ello es la naturalidad con la que se aplica la denominación de progresista-conservador a estos grandes juristas y la naturalidad con la que ellos mismos la asumen en las votaciones que son comprometidas. Sabemos que tales etiquetas simplistas y manipuladoras son apropiadas tan solo para un mitin. Pero sabemos también que el mitin es la bazofia de la vida democrática. Y, sin embargo, ahí están tales etiquetas, sobrepuestas a unos profesionales serios, cuando tan solo deberían ser aptas para consumo de beocios titulados.La solución por consiguiente es evitar al jurista cortesano y para ello la única solución es sacar al Tribunal Constitucional de Madrid. Es preciso seleccionar juristas que estén dispuestos a trabajar en las quietudes de una ciudad modesta española. Por eso, cuando hablo de modificar su sede, no me refiero a trasladarla a Valencia, Barcelona o Sevilla. Se trata de buscar una ciudad sin AVE, sin avión y sin obispo (aunque esta última exigencia podría dulcificarse motivadamente). Me arriesgo a proponer nombres: Teruel, Soria, Mérida, y por ahí seguido, lugares que además agradecerían verse honrados de esta manera. Una ciudad en la que ni siquiera haga falta el coche oficial porque las distancias son cortas y se cubren a pie. De manera que el magistrado, cuando tenga que viajar a Madrid, como en esas ciudades no suele haber ni tan siquiera tren, se verá obligado a tomar el autobús de línea y darse así un pequeño baño de masas, que también entona la musculación mental.Esta solución suprimiría de la lista de candidatos a un montón de juristas, precisamente a los cortesanos, y colocaría por el contrario en línea de salida a jueces y catedráticos -cuanto más jóvenes, mejor- que estén dispuestos a ejercer su oficio en una ciudad donde el tiempo se multiplica y el aire está menos inficionado. Dispuestos, pues, a ejercer su oficio libres de la cercanía de la clase política que -no nos engañemos- tiende a ir a lo suyo. Es decir, libres de su aliento que, aunque bien intencionado, suele ser codicioso.Ésta es la fórmula existente en Alemania, donde el Tribunal Constitucional no se halla en una gran urbe, sino en una de tipo medio: Karlsruhe. Antigua capital del Gran ducado de Baden, hoy es una ciudad más -muy bella, ciertamente- del land de Baden-Württemberg. Los alemanes, en achaques federales, no son mal ejemplo y, a buen seguro, entre nosotros, esta fórmula hará las delicias de los verdaderos partidarios de la descentralización y del equilibrio territorial.
Francisco Sosa Wagner es Catedrático de derecho Administrativo en la Universidad de León.

Wednesday, February 07, 2007

Juicio en Francia sobre las viñetas de Mahoma

GRAN EXPECTACIÓN POR UNA CAUSA QUE NO TIENE PRECEDENTES
Comienza el juicio en Francia sobre las viñetas de Mahoma en un semanario satírico
El Tribunal Correccional de París juzga si las viñetas son injuriosas contra los musulmanes
Una cincuentena de intelectuales firma una declaración de apoyo a 'Charlie Hebdo'
EFE
PARÍS.- El Tribunal Correccional de París ha empezado, en medio de una gran expectación, el juicio por la publicación de varias caricaturas del profeta Mahoma por el semanario satírico francés 'Charlie Hebdo'.
Numeroso público se agolpaba en la puerta de la sala judicial, en medio de una notable presencia policial y de bastantes periodistas, algunos de los cuales procedentes de medios árabes y de Dinamarca, país en el que se publicaron primero las caricaturas objeto de controversia.
Este juicio, el primero de estas características que se celebra en Francia, está presidido excepcionalmente por el presidente del Tribunal de Gran Instancia de París, Jean-Claude Magendie, y es resultado de una denuncia presentada por la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF) y por la Gran Mezquita de París. Alegan que se trata de un posible delito de "injurias públicas contra un grupo de personas en razón de su religión".
Las caricaturas aparecieron en un número especial que publicó 'Charlie Hebdo' en febrero de 2006, con 11 de sus 16 páginas dedicadas a los dibujos de Mahoma que había sacado en septiembre de 2005 el diario danés 'Jyllands-posten'.
La portada del semanario francés, firmada por el dibujante Cabu, mostraba a Mahoma que lloraba mientras aseguraba que "Es duro ser amado por tontos". En el interior había dibujos del profeta con un turbante del que salía la mecha de una bomba y otro en el que decía a los terroristas kamikazes que dejasen de inmolarse ya que no quedaban más vírgenes en el paraíso.
El rector de la Gran Mezquita de París y presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán, Dalil Boubakeur, ha asegurado que el objetivo de la querella es crear un cortafuegos judicial "para proteger a los musulmanes de los abusos insultantes". La prensa francesa dedica hoy amplio espacio al juicio y el rotativo 'Libération' reproduce las caricaturas que son el centro de la controversia judicial.


Portadas de algunas ediciones especiales de 'Charlie Hebdo'. (Foto: AFP)
En la prensa aparecen páginas de publicidad pagadas por la organización Reporteros sin Fronteras (RSF) con una frase: "Con 'Charlie Hebdo', nos negamos a callarnos". "No esperemos a que nos quiten la información para defenderla", dice el anuncio, que muestra a un hombre que intenta gritar mientras una mano pretende taparle la boca.
El secretario general de RSF, Robert Menard, que asiste al juicio, declaró a Efe antes del comienzo que "los que han puesto la denuncia se equivocan, pues quieren dar la impresión de que se les trata de forma diferente, y el Islam es una religión más y ha de ser tratada de la misma manera que el resto". Menard recordó el carácter satírico de la publicación denunciada y subrayó que Francia es un país laico, donde la religión es en ocasiones "objeto de burla".
El dirigente de RSF aseguró que la libertad de expresión es "dura de aceptar" y mostró su confianza en que la publicación no sea condenada, porque "se corre el riesgo de que se ponga en marcha una especie de auto-censura en los medios". En su opinión, el rector de la mezquita parisina se ha visto obligado a tomar esa iniciativa "por miedo a ser sobrepasado por una parte de la comunidad islámica más intransigente".
La publicación en septiembre de 2005 de las caricaturas de Mahoma por el diario danés generó protestas y graves incidentes en diversas partes del mundo por parte de los musulmanes, cuya religión prohíbe la representación gráfica del profeta.
Declaración de apoyo a 'Charlie Hebdo'
En vísperas del juicio, una cincuentena de intelectuales firmó una declaración de apoyo a 'Charlie Hebdo' publicada en el diario 'Libération', que también publicó en su día las caricaturas de Mahoma en apoyo al diario danés 'Jyllands-posten', pero que, sin embargo, no ha sido objeto de denuncia.
El juicio que se abre este miércoles en el Tribunal Correccional de París es de "extrema importancia", advierten los firmantes, entre los que se encuentran los escritores Taslima Nasreen y Michel del Castillo, los filósofos Elisabeth Bandinter y Bernard-Henri Lévy o el dibujante René Pétillon. Reclaman "el derecho a poder criticar a todas las religiones sin excepción", incluso en este contexto geopolítico en el que muchos incitan a la "prudencia".
La libertad de expresión y el laicismo "necesitan ser reafirmados más que nunca", subrayan, al destacar que los "demócratas del mundo entero, especialmente los musulmanes, esperan encontrar en Europa y en Francia en especial un espacio laico donde la palabra no esté trabada por la dictadura ni el integrismo".
También la asociación de defensa de la prensa Reporteros Sin Fronteras (RSF) salió en defensa de 'Charlie Hebdo' al denunciar las "intimidaciones" que ha sufrido el rotativo y al afirmar que "el espacio público debe estar abierto al diálogo y a la polémica". Según una encuesta de TNS que publica la revista religiosa 'Pelerin', más de tres cuartos de los franceses (79%) consideran "inaceptable" las burlas contra una religión.

Retrato judicial de la violencia doméstica

INFORME DEL CGPJ ELABORADO CON SENTENCIAS
Retrato judicial de la violencia doméstica: asesinos sin problemas de droga o mentales
El estudio fue elaborado con fallos de 2001 a 2005 y se concluirá en cuatro meses
En el 79,31% de los casos el domicilio común o el de la víctima fue escenario del crimen
El 64% de las víctimas eran madres y en el 12% de los casos sus hijos vieron el crimen
ELMUNDO.ES
MADRID.- Seis mujeres han muerto en algo más de un mes a manos de la persona con la que compartieron parte de su vida. Son los nombres que el 2007 añade a la lista negra de víctimas de la violencia doméstica, una lacra de la que hoy el Consejo del Poder Judicial ha ofrecido una nueva perpectiva, la cara, también amarga, que ofrece una vez juzgados los crímenes. En un novedoso informe, elaborado en base a 147 sentencias entre 2001 y 2005, se ofrece un dato clarificador del asesino: los hombres no matan a sus parejas o ex parejas movidos por el desequilibrio psíquico o por la influencia de las drogas o el alcohol.
Ocho jueces, dos letrados, dos vocales del Poder Judicial y un experto en medicina forense han dibujado en un minucioso informe la radiografía de la violencia doméstica en España a petición de la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género y Vocal del CGPJ, Montserrat Comas d’Argemir, que deseaba disponer de una visión general de los asesinatos y homicidios cometidos dentro de la pareja una vez juzgados y sentenciados. El CGPJ ha adelantado algunas de las conclusiones de este informe, el primero de estas características que se realiza en España y que concluirá en un plazo aproximado de cuatro meses.
El documento desmitifica el tópico de que el autor de los asesinatos ha matado a su pareja o ex pareja movido por una alteración mental o a causa de una adicción al consumo de drogas o de alcohol. Sólo en un 5,44% de los casos se consideró como atenuante la alteración psíquica. Como eximente, en su versión completa e incompleta, se tuvo en cuenta sólo en un 2,04% y en un 6,80% de las sentencias respectivamente.
En lo que se refiere al consumo de bebidas alcohólicas y drogas, la circunstancia atenuante tan sólo se ha apreciado en un 3,40% de las resoluciones dictadas, mientras que la eximente incompleta se ha admitido en un 2,04% de las sentencias.
El Poder Judicial confirma con datos aplastantes que las víctimas del terrorismo doméstico tienen nombre de mujer. El 94,4% de los asesinatos y homicidios habidos en el periodo de referencia fueron cometidos por hombres. Del total de 147 sentencias, el 96,5% fueron condenatorias y el 3,40 absolutorias y no constan, prácticamente, denuncias previas a los hechos, pese a que en algunas sentencias se recoge la existencia de agresiones o amenazas anteriores.
Cerca de la mitad de los crímenes (el 51,07%) se produjeron cuando existía vínculo matrimonial y en el 48,93% de los casos la relación afectiva era de convivencia de hecho o de noviazgo. El escenario del crimen fue el domicilio común o el de la víctima en ocho de cada diez casos (un 79,31% ). Seis de cada diez víctimas (un 64,28%) dejaron huerfános y en el 12,59% de los casos los pequeños fueron testigos presenciales del crimen.
En esta batería de datos que dibuja una de las mayores lacras sociales de este país también figura que el asesino es el 73,10% de los casos español y en el resto, un 26,9%, es extranjero. Cuando se mira hacia las víctimas la proporción que aparece es similar:el 70,42% son españolas, las restantes el 29,58%, extranjeras.