Wednesday, May 16, 2007

Relato al otro lado, por José Calvo González



Yo soy tú, yo soy yo, soy quien se me parece
Y me parezco a aquellos que hacen juntos el camino
Para buscar alguna cosa y para cambiar la vida
En lugar de morir por un sueño insatisfecho
(G. Moustaki, Je suis un autre, 1972)


Hace tiempo que no oigo canciones de Moustaki. No recuerdo bien cuánto. Sí, no obstante, la primera audición. Fue al comienzo de mis estudios de Derecho, durante la preparación de un examen de Derecho político. El catedrático de la asignatura ya no pudo explicar ese curso académico de 1974-75 la constitución salazarista. Con la Revolução dos Cravos Portugal había iniciado el proceso constitucional que desembocaría en 1976, y hubo que preparar el tema por cuenta propia, con lo que se decía en los medios de comunicación nacionales. Pero como yo aspiraba a nota, aquellas fuentes no bastaban, y así, empleando la pericia delincuente de un ladrón cajas de seguridad, giraba meticuloso el dial de un enorme y antiguo aparato de radio Philips de los años 50 que había en mi casa hasta hacerlo ondular con la frecuencia de Radio Renacença, donde programaban emisiones de crónica política. Fue de esa forma como logré una mejor escucha informativa y una calificación sobresaliente. La crisis económica de 1973, una tímida apertura política y los crecientes brotes de agitación social protagonizados por trabajadores y estudiantes combinaron con el descontento entre los mandos del ejército, el Movimiento de las Fuerzas Armadas (FMA), dando lugar a un levantamiento militar que el 25 de abril de 1974 derribó, sin gran esfuerzo, al gobierno de Américo Thomás, haciendo desaparecer una de las por entonces últimas dictaduras europeas. El himno de aquellos días era “Grándola Vila Morena”. Ese año también apareció el disco “Les amis de Georges”, que serviría a Moustaki para homenajear a su admirado Georges Brassens, incluyendo la canción “Portugal”, con música de Chico Barque, como saludo a la revolución. La oí con bastante recurrencia en las pausas musicales de aquellos informativos radiofónicos.
Me trae todo esto, otras nostalgias al margen, el último libro de Georges Moustaki (Alejandría, Egipto 1934), Siete cuentos fronterizos, editado por Belacqua. No me creo el único en poder amonestar la traducción del título original, Sept contes du pays d´en face, que hubiera permitido mayor fidelidad como Siete cuentos del país de enfrente. Las fronteras, ciertamente, son en este libro menos imaginadas que reales, pero no están ni en un modo ni en el otro donde el título. En cualquier caso, prescindiendo de un alféizar que va vertido como repisa (p. 69), el resto de la labor traductora salva al interior de sus páginas más objeciones. También, aparte de éste, están publicados en España Canciones (Fundamentos, 1984, 2 t.), Las hijas de la memoria (Gedisa, 1990), autobiográfico, e Hijos de la memoria (Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2001) de narraciones breves. Se trata, pues, de la segunda colección de relatos cortos.
Su oportunidad la dicta la emoción voluntariosa de contribuir al entendimiento entre musulmanes y judíos en Oriente Medio. El conflicto en esa zona lo sitúa Moustaki en la existencia de un Estado europeo como el israelí, rodeado de Estados árabes y musulmanes. Opino que la guerra interminable que atenaza esa región tiene orígenes algo anteriores y de naturaleza más variada. Igualmente que ese mismo argumento, d´en face, excluiría a Turquía de la UE. Discrepo, pues, con el autor, pero prefiero hablar aquí antes de literatura que de geopolítica.
Me importa siempre, sobre todo, aquello que en el relato sirve para educar. No pretendo, desde luego, el resurgir de la fabula docet, moralizadora. Las narrativas que adoctrinan o indoctrinan nunca fueron bien con mi educación sentimental e intelectual en el relato. Vengo a referirme a que hoy es fácil constatar un paulatino déficit de “educación en el relato” y, en consecuencia, también para poder arribar desde él a una cultura mejor, que es como decir a una mejora del mundo que tantas veces no comprendemos, precisamente por falta de relatos que lo expliquen de otra manera posible.
En esto reside el valor educativo de este pequeño libro de fábulas, que cuenta acerca de mundos posibles en la frontera, ahora sí, de la desesperanza y la incredulidad. El mundo inexplicable, el mundo incomprensible, lo habitan quienes recelan de la historia que está al otro lado. La influencia educativa del relato permite la mirada al país de enfrente.
Y, ¿qué es lo que desde estos relatos se alcanza a ver más allá del confín de este mundo? Sencillamente todo lo que está más allá de todo lo que puede separar, de la frontera misma, sea que ésta tome la forma de nación, de ideología, de fe religiosa o análogos intereses; de todo cuanto, en definitiva, nos enfrenta. El territorio en adelante es, por el contrario, la posibilidad de un mundo alternativo.
Su paisaje, por ejemplo, integra la lógica paradoxal en diversas perspectivas. Unos niños quieren jugar un partido de fútbol y el muro que les separa acabará convertido en el muro cuyo derribo les une. Un joven y virtuoso tañedor de laúd oye finalmente el sonido de la música verdadera, de la que su instrumento era sólo caja de resonancia. Un triunfal gobernador al que la paz se le hace insoportablemente invencible y conduce a su pueblo a la guerra civil. Un duelo tramado de malentendidos y despropósitos continuos que sólo puede terminar en tragedia absurda plena de dolor. Un colono judío, Abraham, tan identificado con el aferramiento a la tierra que para no desarraigarse se traduce con la identidad de Ibrahim. Unos niños que traviesan el juego del miedo de los mayores y a ocultas ríen de ellos. Un trovador, Hassan, que canta al amor, muere de amor y en amor retorna eterno desde el canto del que ama y el amor cantado más allá de la muerte por otro trovador, cuyo nombre es también Hassan, quien asimismo canta al amor…, y morirá de amor y en amor retornará.
Este es el panorama del relato al otro lado. La ficción que cuenta del país de enfrente. Libro compuesto de inversiones y reversiones. Escenario de la condición humana, más a menudo incongruente en el ordenado régimen de la vigilia que en el disturbado sistema de los sueños.


Publicado en El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 12 ed. de 27 de abril de 2007, p. 10