Friday, June 15, 2007

Law and Literature. Novedades bibliográficas. EEUU


Sue Chaplin,
The Gothic and the Rule of Law, 1764-1820,
Palgrave, New York, 2007, 240 pp.
ISBN-10: 0-230-50755-7


The Gothic and the Rule of Law" is the first full-length theoretical and historical study of the relation between early Gothic fiction and an emerging modern rule of law. The work identifies not only a political and cultural, but also an ontological relation between what critics have conceptualized as 'Gothic' and the nature and function of modern juridical power. It represents a highly significant contribution to Gothic criticism and to law and literature scholarship.


Acknowledgements
Introduction: Thresholds
Fictions of Origin
'Written in the Black Letter': The Gothic and/in the Rule of Law
Spectres of Law in The Castle of Otranto
Clara Reeve and the Problem of Romance
The Law's Gothic Space: Sophia Lee's The Recess
A Maternal Tale Unfolds: Radcliffean Gothic
A Supplement: Gaston de Blondeville
Before the Law: Godwin's Caleb Williams
In Excess: St Leon and Melmoth the Wanderer
Conclusion: Frankenstein - Reproducing the Gothic
Bibliography
Index


Monday, June 11, 2007

Recht und Literatur/ Law and literature. Novedades bibliográficas



Gert Hofmann (ed.)

Figures of law : studies in the interference of law and literature

Francke, Tübingen, 2007, 244 pp.

ISBN 978-3-7720-8211-5

ISBN 3-7720-8211-4




Description


The main objective of this book is to search for such figures of law in literature and media representation, which represent human weakness and futility on one hand, but mirror on the other hand certain aesthetic and rhetoric qualities of the law phenomenon; these figures of law often appear to have fallen outside the Law"s conventional reach, while at the same time in a defiant way appealing to it. Privileged by their de-centred perspective they manifest and measure the complexities, capacities and limitations of the human case of law. The law of the Law (Derrida), it seems, has an essentially poetic quality. Figures of Law seeks to open the literary discourse on the human condition of law. It investigates literary ways to mirror and articulate the question of law split between sovereign power and human futility, between violence, force, and trauma.




Contents


Dialogue on the zero point of language. A lawless prelude / Gisela Dischner and Gert Hofmann

Introduction/Gert Hofmann

Law and literature and the right to death / Adam Thurschwell

The near-dead and the non-dying body / Paul Hegarty

The envelope and the letter: reflections on law's ambience / Tim Murphy and Gerard Staunton

Spilling the beans: teaching and contract law / Graham Allen

‪"Aus einem Bette aufgestanden‪". Anmerkungen zum, Verhältnis' zwischen recht und literatur / Christine Künzel

(Un‪)precendented texts: what comes and goes 'before the law' / Caitriona Leahy
Die schwierige freiheit der postmoderne. Zum Verhältnis' von Gesetz und buch bei Edmond Jabès / Carola Erbertz

Files, not literature / Cornelia Vismann

Madonna and whore: the perplexing media and legal response to the female child molester / Catherine O'Sullivan

Heinrich Heine's figure of justice / Andreas Stuhlmann

Images of law in pre-famine Gaelic Ireland / Neil Buttimer

‪"Alle Gesetzlichkeiten sind langweilig.‪" Ungeschriebene gesetze in Theodor Fontanes Roman Effi Briest / Hans-Joachim Jürgens.




Gert Hofmann (Mellrichstadt, 1958), Department of German, University College Cork. His research interests include Theory of literature and aesthetics; German idealism, classicism, anti-classicism; anthropology and aesthetics of theatre and performance art; Hoelderlin; 20th century literature.

Urbs et Orbis, por José Calvo González


La lectura es una acción sensitiva antes incluso que intelectual. La inmediación sensible en que el lector se produce con la escritura está encauzada en los videntes a través del derramamiento de la mirada, y mediante el tacto entre quienes la visión permanece ahondada en una cuenca de oscuridad. El acto de leer comporta ejercicios de recepción que, previos a cualquier constructo estético o hermenéutico (Iser, Jauss, Ingarden y otros), consisten en operaciones perceptivas. También, como Calvino mostró al comienzo de Si una noche de invierno un viajero, en determinadas rutinas ambientales. Pero me interesa destacar aquí las conducidas desde los sentidos. Así, leyendo en un libro nuevo se puede percibir el bienoliente de la tinta estrenada, o si fuera en una edición vetusta la aromática impregnación de otros perfumes acumulados en el tiempo transcurrido. En un libro la lectura ojea y hojea las páginas. En un libro la lectura es una audición interna, al menos desde San Ambrosio, sorprendido por San Agustín en su celda de Milán leyendo sin mover los labios, y que San Gregorio Magno aprovechó para ruminatio de la Palabra por razón de los sentidos en profundo. En un libro el apetito del lector puede convocar el placer gustativo del aperitivo, esos momentos tónicos y golosos de lectura fragmentaria y ocasional, o alcanzar incluso la ávida voracidad de la devoración completa, a veces hasta física, como en el apocalíptico “Toma y cómelo; te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel” (10:9), que fue sazón tóxica de la trama en El nombre de la rosa y mortal develamiento en la heliogábala deglución del bibliotecario ciego Jorge de Burgos.
Me lleva el hilo de esta reflexión al ejemplar de la obra que, coeditada por la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida. Venezuela, 2006) y el Centro Nacional del Libro, el correo con su autora, Margarita Belandria (Canaguá. Estado Mérida, 1953), me obsequió pocas semanas atrás de ésta. Sus impresores lo han compuesto como un libro que ha de invitar al lector a convertirse en prestímano, pues en efecto se maneja entre las manos permitiendo una suerte de prestidigitación que trasmuta los géneros de su escritura. Basta la rotación de un molinete vertical para que de esa pirueta su lectura pase de la narrativa a la poesía, y viceversa. Así, Qué bien suena este llanto, una novela corta, voltea a Otros puntos cardinales, un poemario.
Ahora bien, lo asombroso de esta transformación no resulta en ese malabar, aún si hábil y muy atractivo. En realidad, siempre más allá del buen oficio de los diagramadores, la pericia técnica de la imprenta o el feliz diseño de los textos, tanto el mérito de la magia como el prodigio de la acrobacia sólo e íntegramente pertenecen a la escritora. Y es que Belandria, profa. del Dpto. de Metodología y Filosofía del Derecho de la Universidad de los Andes, posee la virtud de una voz literaria capaz de dos registros, prosa y verso, relato y poema, que como indistintos cara y cruz, anverso y reverso, hace girar con la sugestiva destreza de un arte de palabra personal y propia. En Qué bien suena este llanto, continente de una profusa creación de personajes, algunos con recorrido de vida ficcional paralela a la mejor tradición del mágico realismo latinoamericano, tiene la viva riqueza del lenguaje responsabilidad extraordinaria al fabricar el embeleso de un imaginario cautivante. Belandria prueba sobrado buen oído del habla natural y espontánea, que capta, traslada y hace circular con agilidad y fluidez. Léxico caudaloso y abundancia de historias se funden con efecto de circundar el albur emocional de una mujer cuya identidad acotan la generación de un cosmos familiar, donde el protagonismo es coral, y la demarcación contextual entre dos momentos en la Venezuela contemporánea, aunque apenas indicados como hitos de referencia o señalizaciones liminares; caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958 y devastadoras inundaciones de finales del 1999 por desbordamiento de ríos y quebradas de las vertientes Norte y Sur del Cerro El Ávila, al noroeste de Caracas, cuando también acababa de promulgarse la Constitución Bolivariana, que asimismo otro torrente anegó y arrastró más tarde. Serán así dos historias. Una, la historia privada de un desencuentro amoroso en tiempos tal vez paradójicos, pero más utópicos que hoy. La otra, una historia amor social, de amor civil o cívico, amor en la ciudad, amor ciudadano, cuyo colofón es la última línea: “los pueblos son como los niños: luego tiran aquello por lo que han llorado”.
En cuanto a Otros puntos cardinales, que toma título en el verso final de “Otros tejados” (“Cuando los aguijones de la soledad se claven en nuestros aposentos/ estarán nuestros ojos/ en espejos desteñidos/ en tejados diferentes/ Otras puertas/ se abrirán a nuestras sombras/ Mañanas menos tibias./Crepúsculos más pálidos/ Otros puntos cardinales”), reúne casi medio centenar de composiciones, de imprecisa data, salvo tres de ellas, fechadas de mitad de los 80 al 95. Les incumbe en su mayor parte un alma adelgazada en la tristeza, doliente por el retorno –eso es la nostalgia- “a la niña que juega con zafiros”. Pero este susurro de ovillar recuerdos y soledades será sólo una memoria fascinada, pues al cabo, “la voz que desciende vertical/ que despoja y que calcina” desgarra el cendal descubriéndola desolación y ceniza; “Nada poseo salvo el tedio fracturado/ en un montón de cristales desteñidos”, o “ya son nubes las horas de la niña”. Es hasta entonces la cartografía de un orbe mustio, de querencia equinoccial, en mareas de días iguales a las noches, que es tanto como “de noches sin mañanas”, que es tanto como durar “en la tarde que jamás declina”, en “la noche larga que sigue con lealtad/cada una de mis horas”, “en la noche infinita” de cualquier día. El canto, que así sabe situarse (“Ilusiones salvajes tejió/con tesón la fantasía./ Vengo de un mundo/ donde nada duerme”; “Yo, domicilio de todo lo perdido”) indaga en adelante el hallazgo de otro orbe, de puntos cardinales diferentes, guiado hacia extravagantes latitudes, lo que no equivale a lugares descaminados o desorientadas regiones. Ese nuevo orbe donde el pálpito no recibe la taja del desencanto y la desesperanza de “perennes mañanas sin rocío”, que ya se entrevé levemente en alguna estrofa de “Queda lumbre”, vislumbra más nítido en “Una larga larga mirada” (“atisbo la esperanza,/ me aproximo”). Y sobreviene, acaece y surge en “Mago”: “Antes de ti las horas yertas (…) Cuatro letras pronunciadas/ encienden los candiles y la vida./ Entonces mis ojos estrenaron nueva luz”. Proferir ese Tetragrámaton natural, no el de aquel impronunciable nombre del Eterno, impía nominación del Verbo, o sea, articular la dicción que evoca el más íntimo de todos los misterios humanos, el Amor (“Vivo solamente si me dueles,/si ardes como antorcha entre mi carne”), resulta en cuatro alternativos puntos cardinales, puntos de fuerza, únicos verdaderamente capaces de refigurar el mapa del mundo.Mi lectura de este libro, múltiple y unitario a la vez, concluye en la deseante espera de un no demorado nuevo título, ojalá que ya muy próximo.
Publicado en El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 13 ed. de 1 de junio de 2007, p. 6.