Tuesday, November 23, 2010

El lujo de conmemorar a Tolstói

Tolstói, 1910. Foto de V. C. Chertkov
Intervención en al acto inaugural de la Exposición bibliográfica
León Tolstói, lúcido fulgor
organizada en la Biblioteca General de la Universidad de Málaga
El lujo de conmemorar a Tolstói


Las cuitas del joven Werther le impulsan a un pistoletazo en la sien,
Anna Karénina se arroja al paso de un tren.
Pero si leemos bien a Goethe y a Tolstói,
si los leemos como disidentes de la vida tal como es,
la bala habría errado el blanco y el tren detendría su macha.
Ni Werter ni Anna han muerto más que en la novela.
Goethe y Tolstói nos enseñan que
¡aún la disidencia e
s posible!


Se cumple ahora un siglo de la muerte de Lev Nikolaievich Tolstoi. Este 100 aniversario de su fallecimiento –7 de noviembre de acuerdo al cómputo del calendario juliano, que guía a los ortodoxos; 20 de noviembre según el gregoriano de los latinos– nos acerca la grandeza de sus textos y el espectáculo de su vida.

Fue León Tolstói dueño de una poderosa narrativa, realista y posromántica, trufada de personajes que atraviesan el escenario de su ficción vital dando testimonio de conmovedoras pasiones decisivas junto al drama de las inseparables contradicciones que los aturden, abruman y hasta abaten con fatalidad irreversible. Evocamos pues al Tolstói novelista, cuya obra –escrita entre mediados del siglo XIX y un paso por delante del linero finisecular- difunde el resplandor inequívoco de la más brillante Literatura de todos los tiempos. Conmemoramos también al grave Tolstói pensador social y moral de quien brotó, con profunda y conmovedora clarividencia, mucho del afán y el desgarro que definió al siglo pasado.

Desde esa claridad luminosa –lo era quizá la misma Yásnaya Polyana, más allá de un literal "Claro del Bosque"– que la maestría de su invención literaria y la enérgica vivencia de sus creencias nos dejaron, Tolstói proyecta una traza capaz asimismo de trasponer a lo contemporáneo. Porque, en efecto, el lúcido fulgor de Tolstói perdura –y acaso en un destello y relumbre aún más vigoroso– en este nuestro siglo XXI.
Y así, con acertado criterio ha organizado la Biblioteca Universitaria la presente muestra reuniendo en ella una cuidada selección expositiva formada por libros y otros impresos, con detalle que este catálogo recoge y documenta de un modo tan obsequioso como esmerado. La agrupación de ese fondo bibliográfico, por recolecta de entre las diversas bibliotecas de nuestros centros universitarios y el depósito de colecciones privadas, reunió en un común entusiasmo a cuantos han intervenido para hacerla posible: el entusiasta lujo de conmemorar a Tolstói.

Siguiendo el rastro en blanco y negro de la letra impresa, las páginas de los libros y folletos que se exhiben ofrecerán al público visitante la oportunidad del disfrute, mejor conocimiento y adecuada valoración de un discurso pegado a la riqueza de la vida y el ejemplo de un pensamiento crítico, decostructivista, teñido de vago panteísmo, espiritualizado al límite del heroísmo, del misticismo incluso, antimilitarista, evangélicamente pacifista, e insumiso siempre al estatalismo y, sobre todo, a la solemnización de la hipocresía –ésta, la más terrible contrautopía–.

Lujosa ocasión, en fin, para el acercamiento a los valores estético-literarios de la escritura tolstoiana tanto como a la expresión de fuerte contenido ético de su ideario sobre la condición humana y la regeneración moral de la sociedad, en un momento de la Historia –el suyo, pero no en todo extraño al nuestro– donde el compromiso en defensa de la libertad y lo igualitario debía derribar insoslayables muros de servidumbre y dependencia.

Creo que a un universitario de hoy habría de enardecerle la provocación que anida en las páginas de sus historias. El modo de provocar de Tolstói fue siempre la protesta. Ciertamente este rasgo contestatario sería detectado por la crítica ya en fechas muy tempranas; aunque diversamente desentrañado. Y en efecto, en ese carácter “protestante” a Tolstói se le igualó con Goethe.

Uno de los primeros artífices de esa equiparación fue el filósofo español Urbano González Serrano (1846-1904). Precisamente la nuestra que hoy se ha inaugurado recoge un ejemplar cuyas páginas albergan su comparativa entre Goethe y Tosltói1. Al establecer esa semejanza el discípulo e hijo espiritual de Nicolás Salmerón inclina la preferencia personal hacia el gran lírico y dramaturgo alemán, antes y más que por el maestro ruso, asertando con un severo juicio que prácticamente reduce y simplifica a irritada insatisfacción todo posible horizonte de la protesta tolstoiana:

«Quien todo lo niega, todo lo afirma. Tolstoï, que habla de la vida para menospreciarla, de la sociedad para maldecirla, del amor para negarlo, del individuo para que se aniquile en el todo, de la ciencia para suprimirla, es, del principio al fin, una protesta, una voz que pide vida más racional, sociedad mejor organizada, amor más puro, individuo más perfecto, ciencia más amplia. No propone remedios Tolstoï para semejantes males, carece de ellos, falta ritmo y equilibrio a su pensamiento para concebirlos. Goethe encarnó la protesta y personificó la manera de resolverla. Tolstoï quedó estancado en su protesta»

Este género de opiniones propició una comprensión de Tolstói paralela al nihilismo. Pienso sin embargo que con más equilibro exploró la semejanza Thomas Mann (1875-1955). Su Goethe und Tolstoi del año 19232 –un ejemplar de esa edición asimismo exhibe en la presente muestra- impugna aquel parecer, ya para entones muy arraigado.
Pero más importante que la polémica en sí puede resultar ahora indagar brevemente acerca del sentido literario y personal de la impaciente insatisfacción tolstiana.

Desde mi punto de vista Tolstói expresa en ella, como también Goethe, un ideal. Pero a diferencia del defendido por el universal pensador de Frankfurt am Main, el ideal que en su insatisfacción del ser Tolstói nos ofrece está atravesado de radicalidad hasta lo más profundo e íntimo. No sería nunca una actitud nihilista, que quizás convenga más a Dostoievski, sino un decidido radicalismo aquello que más identifica a los personajes de sus novelas, y al propio autor.

En la actualidad es difícil comprender el significado de radicalismo; es arduo, en efecto. Vivimos una sociedad conformista, neumática, donde la crítica tiene raro acomodo, donde la discrepancia se acalla bajo reproches de incorrección política, o bien por se sustituye por una ambigüedad que en otro momento hubiéramos reconocido como miedo. Nos van faltando ejemplos de radicalismo; abunda, no obstante, el intelectual orgánico, hasta el hartazgo incluso. Pero lo más turbador es seguramente que comienza a desvanecerse y borrarse el concepto mismo de radicalismo.

Por fortuna nos quedan los libros, y su voz de tinta resuena…

En Meditaciones de un apolítico, escrito en 1919 por el citado Thomas Mann, Nobel de Literatura en 1929, hallaremos una luminosa definición de radicalismo que no quiero dejar sin rescate en la oportunidad que me brinda este acto. Radicalismo es para el novelista germano de Muerte en Venecia (1912) o La Montaña Mágica (1924) “rebelión sensitivamente moral contra la vida tal cual es”3; o lo que es lo igual, afirmación del espíritu -verdad, justicia, libertad- contra la vida.

De acuerdo a esta definición Tolstói no sería –en puridad– sino un radical. Toda la obra de Tolstói constituye, sin duda, una enérgica protesta contra la vida tal cual es. Pero además, como añade Mann, todo buen libro escrito contra la vida despierta el deseo de vivirla. Así también lo recuerda Claudio Magris en un pequeño ensayo titulado “La geometría de la renuncia”. Apropiándome de allí su referencia acerca del romanzo anónimo triestino Il secreto4, la aprovecho para Tolstói: “todo buen libro escrito contra la vida constituye una instigación a vivirla”5.

Y no se trata de una mera digresión plausible. La provocación que en Tolstói representa su radicalidad intelectual como protesta contra la vida tal cual es, como decostrucción político-moral de nuestra sociedad, obra el milagro de un ideal constructivo. Ese es el lúcido fulgor que nos puede –que nos debe– iluminar como sus lectores en este siglo XXI: su disidencia por la verdad, la justicia, la libertad. Aún la disidencia es posible.

Como lector de Tolstói no oculto estar inoculado de esa convicción –aún la disidencia es posible– y postulo su contagio. Otros, antes y mejores que yo, han sido ya infundidos de esa persuasión.

El demorado y al fin reciente Nobel de Literatura este mismo año, Mario Vargas Llosa, lo ha recordado en repetidas ocasiones:

Así, como intérprete de la obra de García Márquez:

El escritor es «un disidente (…) porque no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que son). La raíz de su vocación es un sentimiento de insatisfacción contra la vida»6.

E intérprete de sí mismo, advirtiéndonos que:

«la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón del ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica (…). La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista»7.
Y también como lector, el día de su Doctorado Honoris Causa por esta Universidad de Málaga, luego de mencionar a Tolstói entre sus escritores de cabecera, cuando manifestó:

"la lectura, vicio no impune, como dijo Valéry[8], porque él se paga carísimo, en verdad, en insatisfacción y recelo contra la vida tal como es, que nunca puede elevarse hasta las cumbres y descender a los abismos de la que inventamos espoleados por nuestros deseos”9.

Por mi parte, como ya he declarado, me limité a colaborar con entusiasmo en el lujo de conmemorar a Tolstói, así como en la deseante propagación de su disidencia concretamente al eligir de manera consciente para frase emblema que abriera el modesto estudio introductorio que contiene el catálogo de esta Exposición bibliográfica10 la que figuró en un texto de 1895 a firma de Leopoldo Alas Clarín: “Por fortuna, la moda ha traído otra vez estos días a la actualidad las ideas-Tolstoi”11

Nada más, muchas gracias.

José Calvo González
Noviembre, 22. 2010.
1 Ossip-Lourié, La Filosofía de Tolstói, traducida de la segunda edición por U. González Serrano, Librería General de Victoriano Suárez, Madrid, 1903. Esta 2ª ed. contiene en el Apéndice IV (pp. 211-219) el ensayo de Urbano González Serrano titulado “Goethe y Tolstóï”, inicialmente aparecido en El Imparcial [Madrid], ed. de 4 de junio de 1894 y que asimismo figuró en la 2ª ed., corregida y aumentada, de Psicología del amor, Librería de Femando Fe, Madrid, 1897.
2 Thomas Mann, Goethe und Tolstoi, Verlag “Die Kuppel” Karl Spiertz, Aachen, 1923.
3 Thomas Mann, Betrachtungen eines unpolitischen, S. Fischer Verlag AG, Berlin, 1919, pp. 587 y ss.
4 El “anonimo Triestino” sería en realidad Giorgio Voghera (1908-1999).
5 Claudio Magris, Ítaca y más allá, Huerga y Fierro, 1989, Madrid, p. 220.
6 Mario Vargas Llosa, García Márquez: Historia de un deicidio, Seix Barral, Barcelona, 1971, p. 85.
7 La literatura es fuego. Discurso de Mario Vargas Llosa al recibir el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos el 4 de Agosto de 1967 en Caracas, por La Casa verde. Ahora en Mario Vargas Llosa, Contra viento y marea (1962-1982), Barcelona: Seix Barral, 1984, p. 134.
[8 Valéry Larbaud (1881-1957), Ce vice impuni, la lecture (1925), Gallimard, Paris, 1941].
9 La semilla de los sueños. Discurso del nuevo Doctor Honoris Causa D. Mario Vargas Llosa, Universidad de Málaga, 24 de abril de 2007. Disponible en: http://www.uma.es/publicadores/gabinete_r/wwwuma/disc_vargasllosa_honoris.pdf
10 José Calvo González, "Sobre la edición de Tolstói en España, 1887-1936", en León Tolstói, lúcido fulgor. Catálogo de la Exposición bibliográfica, Biblioteca Universitaria de Málaga, Universidad de Málaga, Málaga, 2010, pp. 11-36.
11 Leopoldo Alas Clarín, «Amo y criado, último cuento de Tolstoi» (La Ilustración Española y Americana. 8 de junio de 1895). Ahora en Clarín: Obra olvidada, Eds. Júcar, Madrid, 1973, p. 163.

Casa Museo Tolstói en Yasnaya Polyana

2 comments:

Francisco said...

A propósito de un punto que se trató en la inauguración:

“Creo que a un universitario de hoy habría de enardecerle la provocación que anida en las páginas de sus historias. El modo de provocar de Tolstói fue siempre la protesta”.

Acabo de encontrar un texto en ese mismo sentido:

“Las cosas son así y no hay escapatoria: no hay creación artística sin inconformismo y rebelión. La razón de ser de la literatura es la protesta, la contradicción y la crítica. El escritor ha sido, es y seguirá siendo un descontento.”

De Una insurreción permantente, en Mario Vargas Llosa, Contra viento y marea (1962-1982), Vol I, Barcelona: Seix Barral, 1986, p. 108.

IURISDITIO said...

Muchas gracias. Su cita enriquece el texto. El libro "Contra viento y marea" es ciertamente un semillero