Wednesday, August 16, 2017

Imprenteros, o sea, el libro para quien lo trabaja

Roger Chartier
La mano del autor y el espíritu del impresor. Siglos XVI-XVIII
trad. de Víctor Goldstein
Zaragoza/Buenos Aires: Katz Editores/Eudeba, 2017, 264 pp.
ISBN:9788415917281

En la temprana modernidad europea, los primeros lectores de un libro no eran quienes lo compraban: era los escribas que copiaban el manuscrito del autor o del traductor, los censores que lo autorizaban, el editor que decidía poner ese título en su catálogo, los revisores que preparaban el texto para la imprenta, lo dividían en capítulos o secciones y le añadían la puntuación, los cajistas que componían las páginas, los lectores de pruebas que lo corregían. La mano del autor no podía ser separada del espíritu del impresor.
Este libro está dedicado al proceso de publicación de las obras que dan el marco a las representaciones que los lectores se hacen del pasado o del mundo. Relacionando historia cultural, crítica textual y estudios bibliográficos, y analizando obras canónicas como Don Quijote de Cervantes o las obras de Shakespeare o textos menos conocidos, Chartier identifica las discontinuidades fundamentales que transformaron la circulación de la palabra escrita entre la invención de la imprenta y la definición, tres siglos más tarde, de lo que llamamos "literatura".
Al tomar en consideración el cruce entre "la mano del autor y el espíritu del impresor" se pone en evidencia, dice Chartier, que "cada decisión adoptada en el taller tipográfico, hasta la más mecánica, implica el uso de la razón y el entendimiento", mientras que, "a la inversa, la creación literaria siempre se enfrenta a una primera materialidad, la de la página en blanco".

Roger Chartier (1945-), es director de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) y profesor invitado de la Universidad de Pennsylvania. Fue presidente del Consejo Científico de la Biblioteca de Francia. Obtuvo en 1992 el Grand Prix d'histoire de la Academia Francesa, Designado miembro correspondiente de la British Academy y es Doctor honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid. En 2006 fue elegido miembro del Collège de France, y en octubre de 2007 brindó allí la lección inaugural que se reproduce en Escuchar a los muertos con los ojos (Zaragoza: Katz Editores, 2008, 86 pp. ISBN: 9788496859302).
 
 

Tuesday, August 15, 2017

Arte y Derecho. Sobre Libertad de Expresión, por Francisco de Goya (1746-1828)


'Por mober la lengua de otro modo' (ca. 1810-1811). Álbum C, 89
 Francisco de Goya (1746-1828)
Museo Nacional del Prado (Madrid. España), Número de catálogo D04056

Roman-feuilleton et faits divers. Inicios de la novela policial en Francia




Minh Tran Huy
Les écrivains et le faits divers
Une autre histoire de la littérature
Paris, Flammarion (Coll. Essais), 2017, 320 pp.
ISBN: 9782081288089

Du fait divers, on dit souvent que c’est une réalité qui dépasse la fiction. Ce qui ne saurait s’inventer. Alors, comme pour se venger, c’est la fiction qui, sans cesse, est allée puiser dans les faits divers sa matière même. Du Comte de Monte-Cristo à L’Adversaire en passant par Le Rouge et le Noir et la poésie surréaliste, la littérature française s’est construite à la fois avec et contre ces récits effroyables ou insolites, révélant un monde dominé par l’étrange, l’excessif, le transgressif. Lecteurs de La Gazette des Tribunaux ou de Détective, les Flaubert, Zola, Breton, Mauriac, Camus et autres Duras se sont emparés de ces affaires petites et grandes qui fascinent l’opinion et tendent un miroir à la société. Obsédés par les silences des criminels et des victimes, ils se sont donné pour mission de faire la lumière sur ce que chroniqueurs, détectives et juges laissaient dans l’ombre, et ont érigé la cour d’assises en laboratoire…
Fourmillant d’anecdotes, ce récit, à la frontière entre l’essai et l’enquête personnelle, se passionne et nous passionne pour l’amour parfois contrarié que les écrivains ont conçu pour le fait divers au fil des siècles.

Minh Tran Huy (1979-), critique et romancière.
 

Monday, August 14, 2017

Reportaje desde el Berlín nazi



Antoni Sobański
Un ciudadano en Berlín
Una recopilación de reportajes del Tercer Reich, en el comienzo del terror nazi (1934–1936)
Introducción de Tomasz Szarota.
Editorial Confluencias (Col. Casa Europa), 2017, 240 pp.
ISBN: 9788494637940

Un ciudadano en Berlín (Cywil w Berlinie en la edición polaca de 2013) es una recopilación de fascinantes reportajes del Tercer Reich. La identidad del narrador está definida: es un civil observador, liberal en el país donde el individuo tiene que servir al Estado, aficionado de la cultura europea en el salvaje mundo del kitsch nacionalista. Es testigo de la quema de libros, se fija en la cuestión de los judíos y en la política de terror. Le interesan tanto la economía, la religión, represiones como los uniformes, la moda, la vida nocturna. Nos enteramos de 'con qué pegan' y que 'todos los transvestis se han refugiado a las SA y sólo se quejan que tengan que andar en los zapatos planos'. En 1940 el libro apareció en la lista de la literatura 'hostil para los alemanes, perjudicial e indeseable'.

 
Reseña del Frankfurter Rundschau
"Son los comentarios casuales los que hacen de las serenas observaciones de Anotni Sobański un valioso redescubrimiento. A veces siente uno como si pudiera asistir al día a día de los preparativos del monstruoso proyecto nacionalsocialista".

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Antoni Sobanski (1898-1941) periodista, escritor y conde polaco. Colaboraba con Times y BBC. A partir de sus reportajes escritos para la revista semanal Noticias literarias se publicó su famoso libro Civil en Berlín. Aunque Sobanski estaba en contra del fascismo y nacionalismo, se mostraba muy cordial con los alemanes y tenía valor de mantener relaciones amistosas con numerosos judíos en los tiempos de antisemitismo. Su vida estaba lejos de lo convencional. Era homosexual y llevaba un estilo de vida libre. Poco después del comienzo de la II Guerra Mundial murió de tuberculosis, en 1941.

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La edición española aumenta el número de textos recogido en la original, que es de 1934 (Cywil w Berlinie, Warszawa: Rój, 1934, 198 pp., acercándose a la más reciente, también polaca, Warszawa: Wydawnictwo Sic!, 2006, 243 pp. y creo que otra, ya segunda, en 2016).
 

 
Se trata de una obra sin pretensiones exhaustividad documental. Antes que a un informe se parece al testimonio del flâneur que desliza la mirada sobre una realidad a la que observa con interés embargado de extrañeza a la vez que inquietud; esto es, el colapso de la República de Weimar. Aquí reside, a mi juicio, también su valor literario más significativo y, finalmente, trascendente.
Mi recomendación.
J.C.G.
 

Del interés de la Crónica judicial para los estudios de ‘Derecho y Literatura’


Chronique judiciaire et fictionnalisation du procès. Discours, récits et représentations
Emeline Jouve et Lionel Miniato (dir.)
Paris: Mare et Martin Editions, 2017, 285 pp.
ISBN : 9782849342596
Le procès, destiné à trancher les conflits et à rétablir la paix sociale, s'accompagne d'un rituel, le rituel judiciaire, lequel participe d'une symbolique universelle de l'acte de juger, par-delà les différences de systèmes judiciaires existant notamment entre les pays francophones et ceux régis par la common law. Le procès a ses usages, son espace délimité, sa temporalité qui lui est propre, ses acteurs et leurs costumes.
C'est à travers son rituel que la justice se met en scène selon des formes qui n'appartiennent qu'à elle. Parallèlement à ce rituel, la procédure est régie par la loi afin d'aboutir au prononcé du jugement et à la manifestation de la vérité judiciaire. S'ensuivent alors des commentaires et des discours savants visant à éclairer, critiquer, approuver ou désapprouver la décision, et faisant débattre la doctrine.
Mais en plus de la communauté des juristes, d'autres acteurs s'intéressent à la justice, de ses grandes affaires criminelles jusqu'aux moindres faits divers. Le jugement engendre des discours, récits et représentations de formes diverses, qu'il s'agisse de la chronique judiciaire, d'oeuvres littéraires, théâtrales ou cinématographiques, etc. Ce sont ces autres discours, récits et représentations, disant une vérité autre à propos du droit et de la justice, que cet ouvrage se propose de mettre à l'honneur.
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Son ya algunos años atrás que vengo insistiendo en el valor de la crónica judicial para los estudios de ‘Derecho y Literatura’. Los enfoques pueden ser múltiples; de ellos se hallará testimonio en la obra arriba reseñada. Ejemplos de la literaturización de este género he propuesto en algunos de mis trabajos; Bionarrativa de la Justicia en el periodismo literario de César Vallejo, en Luis Carlos Cancellier de Olivo (Org.), Anais I Simpósio de Direito & Literatura, Fundação Boiteux, Florinálopis, 2011, pp. 146-160, o “Dickensiana. En torno a una crónica de tribunales, con digresiones”, en INTERSEXIONES. Revista de producción mestiza (Universidad de Vigo. Ourense), 4 (septiembre 2013), pp. 1-19, ambos recogidos luego en J.C.G., El escudo de Perseo. La cultura literaria del Derecho. De las crónicas darianas me ocupé asimismo en Los espectros de Dreyfus en Darío: del non-engagement al non-alignement, en epílogo”, en Studi ispanici, XXXIX (2014) [Monográfico Derecho y Literatura hispánica, José Calvo González (coord.).], pp. 129-148. De una expresiva del compromiso literario con los derechos humanos en “‘Salir al otro’: afectividad y justicia en Mineirinho, de Clarice Lispector”, en ANAMORPHOSIS. Revista internacional de Direito e Literatura [Rede Brasileira Direito e Literatura (RDL). Porto Alegre. Brasil] 2, 1 (janeiro-junho, 2016), pp. 123-145. Lateralmente de la borgeana títulada Lunes, 22 de julio de 1985 en “Desde una encrucijada junto a Borges: sobre ciencia jurídica y producción normativa”, en Anuario de Filosofía del Derecho (Madrid), XXXII, 2016, pp. 187-211, ahora en J.C.G. (ed.), Borges en el espejo de los juristas. Derecho y literatura borgeana (2016).
Permítanme subrayar el valioso material que las crónicas judiciales representan, con toda seguridad, para la reflexión iusliteraria. Las intersecciones se tejen, igualmente, con la crónica ‘roja’ y policial, y en parte con las ‘causas célebres’. Uno de los empeños habría de ser definir con claridad esos cruces y vinculaciones.
Insistiré de nuevo. Hay que trabajar las crónicas judiciales que cultivaron grandes escritores de la Literatura universal. En la España contemporánea no falta ejemplo de calidad.
En ‘carpetas de invierno’ tengo maquetas, bocetos y también otros textos de gestación más adelantada que aguardan su momento.
Hasta entonces valgan estas líneas para recordatorio y estímulo.
J.C.G.


Friday, August 11, 2017

Vincent van Gogh, lector de Zola


Expresivo de un conflicto generacional, en este óleo -naturaleza muerta' datada en abril de 1885- Vicent van Gogh (1853-1890) coloca al lado de la Biblia, que había recibido a la muerte de su padre -el Reverendo Theodorus van Gogh (1822-1885)- el mes anterior, un ejemplar de La Joie de vivre, de Émile Zola (1840-1902).
 
 
 
Vincent reproduce -con muy ligeras modificaciones- la cubierta de la primera edición, impresa en febrero de 1884 por Charpentier & Cie. Editeurs. No menos significativo el que la Biblia aparezca abierta por el Libro de Isaías, donde se anuncia el Sacrificio del Hijo.
 
 
Así, pues, testimonio ideológico y de los gustos literarios del atormentado pintor de la conocida serie Zonnebloemen (Los Girasoles).
 
J.C.G.

Arte y Derecho. La ley y la Justicia (1923-1924), por José Clemente Orozco (1833-1949)



José Clemente Orozco (1833-1949), La ley y la Justicia (1923-1924)
Antiguo Colegio San Ildefonso. Escuela Nacional Preparatoria México
 
 
José Clemente Orozco (1833-1949)
 
 
 
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El Colegio de San Ildefonso, que fuera internado de los jesuitas, se convirtió más tarde en la Escuela Nacional Preparatoria. En la década de 1920, el gobierno mexicano encargó a diversos artistas pintar murales enfocados en la historia y la política mexicana. El Colegio fue uno de los primero lugares de expresión del movimiento muralismo mexicano.
José Clemente Orozco (1883-1949)
La Ley y la Justicia (1923-1924)
Orozco organizó en esta obra magistralmente su mensaje crítico sobre las falsedades sociales. Dos grotescas figuras bailan en aparente estado de ebriedad. El hombre, que personifica la Ley, porta en su mano derecha una pequeña daga y hace un guiño a la dama que encarna la Justicia, con una venda mal colocada en sus ojos alcanzando a ver solo con uno de los ojos mientras con dos dedos apenas sostiene la balanza, así para simbolizar una Justicia ciega y desequilibrada. La actitud de los dos personajes así como el manejo de sus atributos dan idea de la falsedad de ambos conceptos.


Más sobre Ulysses en su laberinto judicial



Joseph M. Hassett
Ulysses Trials. Beauty and Truth Meet The Law
Dublin: The Lilliput Press, 2016, 221 pp.
ISBN: 9781843516682

The publishers of Ulysses by James Joyce were brought to trial and convicted of obscenity in the USA in 1921. The immortal prose, ultimately recognized as the greatest English language novel of the twentieth century, was first published by the pioneering literary magazine The Little Review. Its founder Margaret Anderson along with her publishing partner and lover, Jane Heap, were famously convicted of a crime for their extraordinary contribution to society. From then until its eventual publication in the US in 1934 the book ran the gamut of legal obstruction. The Ulysses Trials chronicles that progress and adds not only to the understanding of Joyce but also to the history of the laws of obscenity, censorship and freedom of speech. Its appeal is to Joyceans, all those interested in modernism and to the legal community and students of literature and law. The author is a fluent writer and through his experience as a lawyer he brings a deep understanding and analysis to the course of the court proceedings and the workings and ramifications of each case. He weaves a narrative of the text of Ulysses, the contemporaneous historical context and the motives of the players (John Quinn, Judge Woolsey et al) involved in each step of the trial. His manuscript is unique given his legal perspective on such a milestone legal battle over obscenity laws and hence freedom of speech in the English speaking world in the early twentieth century.Period photographs by Man Ray and others bring this fascinating story to life.

Thursday, August 10, 2017

Fotografía y Derecho. Umbrales de la desigualdad

 

Concelho de Chaves, Distrito de Vila Real. Portugal

Georges Simenon en compañía de juristas

 


Alexandra Fabbri & Christian Guery
Simenon et la justice. Bibliothèque Simenon - II
Préface, par Michel Lemoine
Avant-propos, par Pascal Robert-Diard
Amiens: Les Belles Lettres (Coll. Encrage - Travaux, 57), Paris, 2017, 210 pp.
ISBN : 9782251446455

De Maigret aux assises à Lettre à mon juge, des Inconnus dans la maison à La tête d’un homme, aux Témoins ou à Cour d’assises, l’œuvre de Simenon parle de justice, entendue comme institution mais aussi comme rapport interne entre les hommes.
L’auteur n’est pas tendre envers le personnel judiciaire qui semble s’acharner à ne pas comprendre le propre de ces hommes qui dévient, qui tentent de s’affranchir des contours qui les déterminent trop étroitement. Pour Simenon, il faudrait «comprendre et ne pas juger». Pourtant, il n’est pas rare de voir le commissaire Maigret se poser comme critère du juste !
Les «petites gens» de Simenon, garants d’une authenticité que le vernis mondain altère, et auxquels le meurtre seul permet d’exister, semblent pressés de se débarrasser d’eux-mêmes, de cette étrangeté qui les habite. Seuls face à leurs juges, ils sont seuls face à eux-mêmes, condamnés à une impossible reconnaissance. L’échec qui sanctionne leur aspiration à une vie nouvelle semble leur présenter comme unique alternative le crime ou le suicide.
Avec eux, Simenon lève une partie du voile tragique de l’existence, et cet aperçu donne à ses romans une profondeur inattendue, que Gide avait très précisément perçue.

Préface, par Michel Lemoine
Avant-propos, par Pascal Robert-Diard

Introduction
I. Le personnel judiciaire
Le personnel judiciaire comme classe sociale
La justice coloniale chez Simenon
Le procureur de la République
Le juge d’instruction
Le président de la cour d’assises
Les avocats
II. Le criminel
Le passage à l’acte
La folie
III. Le jugement
Maigret juge-t-il ?
Justice impossible ?

Conclusion
Bibliographie

Alexandra Fabbri est ancien professeur de philosophie, magistrat. Elle est notamment l'auteur de : « Je suis l’enfant qui joue », interview de Jacques Vergès, Cahiers de la justice n° 3, 2008 ; « Les sept passions de Jacques Vergès. En marge du film « L’avocat de la terreur », Cahiers de la justice n° 3, 2008 ; « Marguerite Duras et l’affaire Grégory : la folie par les collines… », dans La chronique judiciaire. Mille ans d’histoire, AFJH, La documentation française, collection « Histoire de la justice » ; « Abraham Lincoln : un avocat pour l’histoire » (avec Ch. Guéry) (Sur Young Mister Lincoln de John Ford), Les cahiers de la justice, 2011/1.     
Christian Guery est magistrat, ancien maître de conférences à l'École Nationale de la Magistrature. Il est l’auteur de plusieurs centaines de chroniques de droit pénal ou de procédure pénale et a publié chez Dalloz plusieurs ouvrages : Détention provisoire (2001), Droit et pratique de l’instruction préparatoire (9ème éd. 2015), Guide des audiences correctionnelles (avec B. Lavielle, 2013). Il s’est aussi intéressé aux rapports de la justice et du cinéma et a publié : Justices à l’écran, PUF, « Questions judiciaires », 2007 et Les avocats au cinéma, PUF, « Questions judiciaires », 2011. 

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Les premières lignes
Extrait de l'introduction

Selon l'annuaire statistique de 1989 de l'Unesco, Georges Simenon est le dix-huitième auteur le plus traduit dans le monde, quatrième auteur de langue française après Jules Verne, Charles Perrault, René Goscinny mais avant Balzac, Dumas et Stendhal. De très grands écrivains ont publiquement fait connaître leur admiration pour le romancier liégeois. Henri Miller se refusait à croire qu'un auteur aussi populaire et prolifique «puisse être si bon !». A l'examen il le juge encore meilleur que ce que le public imagine. John Cowper Powys écrit aussi : «Mon nouvel écrivain préféré est Georges Simenon, un romancier français qui adopte cette forme de récit admirable et rare, le roman bref... Pour l'atmosphère, le caractère, l'intensité, l'humour, et par-dessus tout pour l'humanité et la connaissance de la masse pathétique et malheureuse et en particulier les adolescents, personne ne l'égale, personne». Il fut encore apprécié par de grands écrivains américains parmi lesquels on trouve Faulkner et Hemingway. Et parmi les nombreuses louanges adressées par André Gide à l'auteur, on trouve celle-ci, dans une note de lecture remise à Gaston Gallimard, à propos de Pedigree, le 30 mai 1941 : «Le romancier le plus romancier né d'aujourd'hui, le plus habile à nous donner de la vie d'autrui une vision saisissante, hallucinante, à nous intéresser (et je prends ce mot dans le sens le plus fort, comme lorsqu'on dit qu'un banquier est intéressé à la réussite d'une affaire), à créer des personnages vivants, haletants, pantelants, réels». La Pléiade a consacré deux volumes de son illustre collection à Simenon en 2003, et un troisième en 2009, et Les Cahiers de l'Herne ont fait de même dans un numéro dédié à l'auteur belge en 2013.
Pour un écrivain méprisé par un certain milieu littéraire intellectuel, c'est une belle revanche. Qui y a-t-il donc à dire sur Simenon qui n'ait déjà été dit et souvent remarquablement dit ? Qu'écrire de plus après les ouvrages de Thomas Narcejac en 1950, de Bernard de Fallois en 1962 et de tant d'autres qui ont suivi ? Que dire de l'homme après la biographie de Pierre Assouline ? Et qu'écrire qui ne saurait être moqué par les «Mousquetaires» de Simenon, les fidèles entre les fidèles, ceux qui ont analysé, déchiffré, ausculté l'homme et son oeuvre longtemps avant sa mort et dont les livres et articles semblent avoir fait le tour (définitif ?) de la question ? La revue Traces, publiée par le Centre d'Études Georges Simenon de l'Université de Liège est entièrement consacrée à l'oeuvre du père de Maigret, tout comme les Cahiers Simenon, publiés par l'Association Les Amis de Georges Simenon.
Partant de notre expérience de magistrats, nous souhaitons aborder un sujet qui n'a jamais trouvé, à notre connaissance, d'écho dans les centaines d'ouvrages consacrés à Georges Simenon, à la notable exception du numéro 23 des Cahiers Simenon. Ce sujet, c'est la justice.
Certes, de nombreuses études ont été consacrées à Maigret, un commissaire de police qui est forcément en relation étroite avec les personnels de justice, le procureur de la République, le juge d'instruction, les avocats de la défense ou de la partie civile mais aussi avec les présidents de la cour d'assises. Et les romans durs de Simenon sont très souvent des romans où un crime est commis, puni ou non. Mais, à l'exception d'un mémoire de licence en philologie, l'oeuvre de Simenon n'a jamais été explorée dans l'interrogation majeure qu'elle pose à la justice. Même les magistrats qui sont passionnés par l'auteur, qui ont écrit sur lui et même organisé un festival réputé, ont donné à voir une vision plus générale de l'oeuvre.
C'est à la façon dont Simenon parle de la justice et du crime que nous voulons consacrer la totalité de cet ouvrage.
 

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Recensión

Christian Guéry est bien connu des cinéphiles, il a écrit Justices à l’écran et Les avocats au cinéma (PUF, Coll. Questions judiciaires, 2007 et 2010) et, déjà avec Alexandra Fabbri, Les hommes de loi (in Rémi Fontanel (dir.), Biopic, de la réalité à la fiction, Cinémaction n° 139, 2011). Avec Simenon et la justice, les deux magistrats frappent à nouveau fort. Simenon connaît aussi la justice car, à 16 ans, il travaille à la Gazette de Liège et suit les cours - au sens propre et figuré - du Palais de Justice. Sous le pseudo de Georges Sim ou de Monsieur Le Coq, il assassine ou encense de sa plume incisive les hommes de loi. À 19 ans, il part à Paris pour écrire sur le monde judiciaire. Le présent ouvrage est divisé en trois parties. La première partie, Le personnel judiciaire, rime avec classe sociale. Les magistrats, les juges d’instruction, quasiment tous les parquetiers, sont des bourgeois ou des aristocrates imbus, aux portraits peu flatteurs. Le juge Coméliau qu’affronte souvent Maigret (Maigret et les témoins récalcitrants, Maigret et le corps sans tête, Une confidence de Maigret) comme beau-frère un homme politique en vue. Quelle justice attendre d’hommes de la moyenne ou haute bourgeoisie (Maigret hésite, la folle de Maigret, Maigret et les vieillards, Maigret et le voleur paresseux) éloignés des gens qui ne sont pas de leur milieu ? Maigret s’entend cependant avec des juges d’instruction d’origine modeste : le juge Ancelin (La patience de Maigret), le juge Diem (La chambre bleue). Les magistrats sont souvent portés sur le sexe (Touriste de bananes, La maison du juge, Un crime au Gabon). Le procureur de la République, quelle que soit son origine, est un pur bourgeois, arriviste et dépourvu d’humanité (Maigret et le clochard, Maigret et le voleur paresseux, Maigret et le marchand de vin, Les inconnus dans la maison). Le président de la Cour d’assises est partial (Cour d’assises) et applique la loi à la lettre (Maigret aux assises). Les avocats peuvent être célèbres (Les inconnus dans la maison, En cas de malheur), d’office et obscurs (La colère de Maigret), fats (Lettre à mon juge), détestables, physiquement et moralement (La vérité sur bébé Donge L’amie de Madame Maigret, En cas de malheur), alcooliques (Le confessionnal, Un nouveau dans la ville, Maigret chez le ministre). Le criminel est la seconde partie. Maigret confesse dans Les mémoires de Maigret ne s’intéresser qu’aux tueurs non professionnels. Le processus du passage à l’acte criminel le motive (Cécile est morte, La cage de verre, Trois crimes de mes amis). Le motif peut être l’humiliation (Le petit homme d’Arkangelsk, Dimanche, Au bout du rouleau, L’assassin), le besoin de reconnaissance (Crime impuni, Le passage de la ligne), la culpabilité (La mort de Belle, La fuite de monsieur Monde, Les demoiselles de Concarneau, Les complices), l’impossibilité de communication (L’horloger d’Everton), la folie (Lettre à mon juge, Les fantômes du chapelier, Maigret a peur, Les trois crimes de mes amis, Le temps d’Anaïs), finissant souvent à l’asile (L’homme qui regardait passer les trains, L’évadé). La troisième partie, Le jugement, pose trois questions. 1) Maigret juge-t-il ? La réponse est dans Maigret et le clochard : « - Je ne pense jamais Monsieur le juge, et quelqu’un avait répliqué un jour : - il s’imbibe ». Maigret pratique la technique de l’éponge (L’inspecteur cadavre, La pipe de Maigret). Il interroge, fréquente les lieux fréquentés par la victime, se met dans la peau du coupable, gonfle lentement comme une éponge. Maigret peut ne pas déférer les personnes qu’il sait coupables mais qui mourront d’elles-mêmes (Liberty Bar, Pietr le Letton, La colère de Maigret). 2) Maigret policier ou détective ? La question est d’importance car le policier est lié par la procédure et doit rendre compte à sa hiérarchie. L'enquêteur, lui, aide à titre officieux, est libre de ses faits et gestes et peut agir aux limites de la légalité (L’affaire Saint Fiacre, Maigret à New-York, Maigret à Vichy). 3) Justice impossible ? L’idée générale de l’œuvre de Simenon est que la justice ne peut juger les hommes car elle n’a qu’une vision parcellaire de la vie du criminel présumé ou avéré et donc de la vérité. La conclusion appartient à Petit Louis, condamné à 20 ans de travaux forcés pour un meurtre qu’il n’a pas commis dans Cour d’assises. Le président lui demande s’il a quelque chose à ajouter. « Non, monsieur le président », répondit-il. Et il dit cela de telle sorte qu’à ce moment les rôles étaient renversés, que c’étaient eux tous, les magistrats, les jurés, les journalistes, les belles spectatrices et spectateurs, tous, y compris les avocats, qui éprouvaient soudain quelque chose d’urgent à faire (...) parce qu’il n’y en avait pas un qui eut des raisons d’en être fier ». Un livre dense et novateur, documenté et instructif, pour cinéphiles, juristes et lecteurs de Simenon, par des magistrats fins connaisseurs d’une œuvre policière surabondante.

Albert MONTAGNE


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Georges Simenon (1903-1989)

Y aún dos recomendaciones. Así artículo de Dennis H. Drysdale, “Simenon and Social Justice”, publicado en Nottingham French Studies 13, 2 (1974), pp. 85-97, y el texto aún inédito -ojalá que por poco tiempo- que Mássimo La Torre (Prof. Ordinario de Filosofía del Diritto. Università degli Studi Magna Graecia. Catanzaro. Italia) ha titulado “Il Commissario Maigret e il diritto comparato”, y tuvo la amabilidad de enviarme a mediados de julio.
A su gentileza corresponde este post.

J.C.G.

Cine y Derechos Humanos. Sucre. Bolivia


Wednesday, August 09, 2017

Derecho y Literatura. México. Novedad bibliográfica



Derecho & Literatura. El derecho en la literatura
Óscar Enrique Torres (Coord.)
Pról. de François Ost
México: Editorial Libitum, 2017, 216 pp.
ISBN: 9786079769406

 
La presente obra es producto de un gran esfuerzo que los autores hacen para difundir en México la corriente Derecho y Literatura; particularmente, el tema del derecho en la literatura.
En esta obra, el lector encontrará, en primera instancia, un estudio que lo introducirá al conocimiento de dicha corriente, y enseguida, una serie de análisis originales sobre diversos temas jurídicos presentes en algunos textos de la literatura universal: La filosofía en el tocador, del marqués de Sade; los textos El hombre bicentenario y Yo, Robot, de Isaac Asimov;  los poemas testamentarios escritos por Eliseo Diego (Testamento),  León Felipe (Un poema es un testamento), Efraín Huerta (Borrador para un testamento), y otros autores; La historia del cautivo, presente en la excelsa obra Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; los cuentos La muerte tiene permiso, de Edmundo Valadés, y El guardagujas, de Juan José Arreola; y la leyenda maya titulada La justicia del rey Xocbitum.
Más que una coordinación de textos, la presente obra es, en esencia, una invitación cordial para que el lector se acerque y descubra la impronta que el derecho ha dejado en la literatura, y para que eventualmente se anime a participar con sus propios análisis y contribuya a enriquecer esta corriente en plena expansión.


Prólogo
François Ost

Nota del coordinador
Óscar Enrique Torres

Derecho y literatura: en la frontera entre los imaginarios jurídico y literario
François Ost

El testamento como voluntad poética del autor o la escritura de testamentos poéticos
Manuel de J. Jiménez Moreno

La historia del cautivo en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. El derecho de Zoraida a elegir cambiar de religión
Carina Gómez Fröde

Necroderecho y vitalismo jurídico en la cuentística mexicana
José R. Narváez Hernández
 
La Justicia del Rey Xocbitum: deseo de venganza, espectáculo e igualdad de aplicación de la ley
Óscar Enrique Torres

La filosofía del derecho en La filosofía en el tocador del Marqués de Sade
Miguel E. Morales Lizarraga

Aplicación de normas jurídicas y antinomias normativas en Yo robot de Isaac Asimov
Eduardo de la Parra Trujillo

El hombre bicentenario de Isaac Asimov y la libertad e igualdad en el derecho constitucional
Rafael Caballero Hernández

Anexo: El derecho en la literatura: una corta lista de obras literarias

Tuesday, August 08, 2017

Sobre el Derecho a la Igualdad. "La igualdad en tres actos" (1991). Un cuento de Horacio Quiroga (1878-1937)






LA IGUALDAD EN TRES ACTOS

Publicado en Caras y Caretas (Buenos Aires) año XIV, N° 683, noviembre 4, 1911
(sin paginar, p. 82)
 
 
 
La regente abrió la puerta de clase y entró con una nueva alumna. 
      -Señorita Amalia -dijo en voz baja a la profesora-. Una nueva alumna. Viene de la escuela trece... No parece muy despierta.
     La chica quedó de pie, cortada. Era una criatura flaca, de orejas lívidas y grandes ojos anémicos. Muy pobre, desde luego, condición que el su-no aseo no hacía sino resaltar. La profesora, tras una rápida ojeada a la roa, se dirigió a la nueva alumna.
    -Muy bien, señorita, tome asiento allí... Perfectamente. Bueno, señoritas, ¿dónde estábamos?
    -¡Yo, señorita! ¡El respeto a nuestros semejantes! Debemos...
    -¡Un momento! A ver, usted misma, señorita Palomero: ¿sabría usted decirnos por qué debemos respetar a nuestros semejantes?
     La pequeña, de nuevo cortada hasta el ardor en los ojos, quedó inmóvil mirando insistentemente a la profesora.
      -¡Veamos, señorita! Usted sabe, ¿no es verdad?
      -S-sí, señorita.
     -¿Veamos, entonces?
   Pero las orejas y mejillas de la nueva alumna estaban de tal modo encendidas que los ojos se le llenaron de lágrimas.
     -Bien, bien... Tome asiento -sonrió la profesora-. Esta niña responderá por usted.
     -¡Porque todos somos iguales, señorita!
     -¡Eso es! ¡Porque todos somos iguales! A todos debemos respetar, a los ricos y a los pobres, a los encumbrados y a los humildes. Desde el ministro hasta el carbonero, a todos debemos respeto. Esto es lo que quería usted decir, ¿verdad, señorita Palomero?
       -S-sí, señorita...
     La clase concluyó, felizmente. En las subsiguientes la profesora pudo convencerse de que su nueva alumna era muchísimo más inteligente de lo que había supuesto. Pero ésta volvía triste a su casa. A pesar de la igualdad recomendada en clase recordaba bien el aire general de sorpresa ante sus gruesos y opacos botines de varón. No dudaba de que en los puntos extremos del respeto preconizado con tal fervor, ella ocupaba el último. Su padre era carbonero. Y volvía así la frase causante de su abatido desaliento. Desde el ministro hasta el carbonero, a todos debemos respeto. La criatura era precoz y el distingo de ese hasta fue íntimamente comprendido. Es decir que no existía ni remotamente tal igualdad, pero siendo el ministro de Instrucción Pública la más respetable persona, nuestra tolerancia debía llegar por suprema compasión a admitir como igual hasta a un carbonero. Claro está, la criatura no analizaba la frase, pero en sus burdas medias suelas sentía el límite intraspasable en que ella debía detenerse en esa igualdad.
     -Hasta papá es digno de respeto -se repetía la chica.
     Y cuanto había en ella de ternura por su padre y respeto por su instrucción, se deshizo en lágrimas al estar con él. Contó todo.
     -¡No es nada, Julita! -sonrióse el padre-. ¿Pero de veras dijo hasta el carbonero?
     -¡Sí, papá!
     -¡Perfecto! Para ser en una escuela normal... Dime, ¿tú sabes en qué consiste esa igualdad de todos los hombres que enseñaba tu profesora? Pues bien, pregúntaselo a ella en la primera ocasión. Quisiera saber qué dice.
     La ocasión llegó al mes siguiente.
     -...porque todos somos iguales, tanto el rico como el pobre, el poderoso como el humilde.
     -¡Señorita!... Una cosa; yo no sé... ¿En qué somos iguales todos?
     La profesora quedó mirándola muy sorprendida de tal ignorancia, bien que la aprovechara ella misma para buscar a todo trance una respuesta que no halló en seguida.
     -¡Pero, señorita! -prorrumpió--. ¿En qué está usted pensando? ¿Quiere que hagamos venir una niña de primer grado para que le enseñe eso? ¿Qué dicen ustedes, señoritas?
     Las chicas, solicitadas así por la profesora, se rieron grandemente de su compañera.
     -¡Hum! -murmuró luego el padre al enterarse-. Ya me parecía que la respuesta iba a ser más o menos ésa.
     La pequeña, desorientada ya y dolorida, lo miró con honda desconfianza.
      -¿Y en qué somos iguales, papá?
     -¿En qué, mi hija?... Allá te habrán respondido que por ser todos hijos de Adán, o iguales ante la ley o las urnas, qué sé yo... Cuando seas más grande te diré más.
     En el repaso de octubre, el respeto a nuestros semejantes surgió otra vez y la profesora pareció recordar de nuevo la pregunta aquella, manteniendo un instante el dedo en el aire.
     Ahora que recuerdo... ¿No fue usted, señorita Palomero, la que ignoraba en qué somos iguales?
     La chica, en los meses anteriores, había aprendido el famoso apotegma; y siendo, como es, terrible la sugestión inquisitoria de tales dogmas en las escuelas, estaba convencida de él. Pero ante el cariño y respeto a la mentalidad de su padre, creyó su deber sacrificarse.
       -No, señorita..
     Julia salió de clase llorando sin consuelo. Días después la escuela entera se agitaba para celebrar el jubileo de su directora. Habría fiesta, y las pequeñas futuras maestras fueron exhortadas a llevar un ramo de flores, uno de los cuales sería ofrecido a la directora gloriosa. Y, desde luego, invitación a la familia de las alumnas.
     Al día siguiente la subregente repartió las tarjetas entre las escolares para que las llevaran a sus padres. Pero Julia esperó en vano la suya; sólo habían alcanzado a las alumnas bien vestidas.
     -Hum... -dijo el carbonero-. Esto es hijo de aquello... ¿Quieres llevar el mejor ramo que haya ese día?
    La pequeña, roja de vanidad, se restregaba contra los muslos de su padre.
    De este modo no cupo en sí cuando todas sus condiscípulas dirigieron una mirada de envidia a su ramo. Era sin duda ninguna el más hermoso de cuantos había allí. Y ante el pensamiento de su ramo, de que ella entre todas sus brillantes compañeras lo ofrecería a la directora, temblaba de loca emoción.
    Pero al llegar el momento del obsequio, la profesora de su grado, después de acariciarla, tomó el ramo de sus manos y lo colocó entre las de la hija del ministro de Instrucción Pública condiscípula suya. Esta entre frenéticos aplausos lo ofreció a la directora enternecida.
     El carbonero perdió esta vez la calma.
   -Llora, pequeña, llora: eso tenía que pasar; era inevitable. ¿Pero quieres que te diga ahora? -exclamó haciendo saltar la mesa de un violento puñetazo-. ¡Es que nadie, ¿oyes? nadie, desde tu directora a la última ayudante, nadie cree una palabra de toda esa igualdad que gritan todo el día! ¿Quieres más pruebas de las que has tenido?... Pero tú eres una criatura aún... Cuando seas maestra y enseñes esas cosas a tus alumnas acuérdate de tu ramo y me comprenderás entonces.
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     -Sí -me decía sonriendo al recuerdo la actual profesora normal-, mucho me costó olvidar la herida aquella. Y, sin embargo, papá no tenía razón. Cuando se posee una instrucción muy superior a la del medio en que se vive, la razón se ofusca y no se aprecian bien las distancias... ¡Pobre papá! Era muy inteligente. Pero mis alumnos saben muy bien, porque no me canso de repetírselo, que desde el ministro hasta el zapatero, todos somos iguales..."
Horacio Quiroga
 
 
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Horacio Quiroga (1878-1937)